Crítica de La chica danesa (David Ebershoff)

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Sinopsis: Copenhague, en 1925. Greta y Einar son una pareja de jóvenes pintores. Ella es conocida, sobre todo, por sus delicados, sugestivos retratos de mujeres. Pero aquella tarde, la modelo no ha venido. Y Greta le pregunta a Einar si por una vez, para que ella pueda terminar la parte de abajo de un cuadro, él se pondría un par de medias de seda, se calzaría unos zapatos de tacón, acaso también un vestido que le permitiera acabar de pintar los pliegues de la falda. Einar acepta, y el instante en que la seda del vestido se desliza por su cuerpo supone una revelación, el momento de la sensación más verdadera, como cuando se sumerge en el mar en verano. Pero el océano de esta zambullida, que ya no tendrá vuelta atrás, es un mundo de sueños, el sueño por ser Otro. Y así, acompañado por Greta -porque ambos habitan ese oscuro espacio secreto entre dos personas que constituye un matrimonio-, Einar recorrerá un arduo camino al final del cual se encuentra una mujer llamada Lily Elbe, que fue Einar, y que ahora es una chica danesa. 



Crítica: Einar Mogens Wegener siempre se sintió diferente al resto de los hombres, pero carecía de la respuesta a este incómodo sentimiento de confusión, casi de rechazo hacia su persona. Las fotografías que se conservan del fallecido artista danés retratan a un varón de apariencia discordante con su sexo, pues sus rasgos eran visiblemente femeninos, igual que su comportamiento. A pesar de ello, Einar Wegener sabía que no era homosexual, como descubrió cuando su esposa, Gerda Wegener, le suplicó que sustituyese a su modelo habitual para acabar unos de sus famosos retratos femeninos. El envolvente y cálido tacto de la seda en su piel se convirtió en una revelación para Einar, el descubrimiento de su auténtico ser con el nombre de Lilli. 

Inspirándose libremente en la verdadera historia de Einar Wegener/Lilli Elbe, el primer hombre en someterse a una operación de conversión de sexo, David Ebershoff ofrece en su primera novela un complejo retrato sobre la identidad sexual. 

Cabe señalar que «La chica danesa» no es una biográfica fidedigna sobre la vida de Einar Wegener, sino un relato ficticio basado en el diario y la correspondencia de Lili Elbe editada y publicada por Niels Hoyer en el libro «Man into woman». A partir de este material y otros documentos como los artículos publicados en Politiken y varios periódicos daneses sobre la metamorfosis de Einar/Lilli, Ebershoff desarrolla la insólita historia de amor protagonizada el matrimonio Wegener. 

Una relación definida, en apariencia, por la tolerancia, la comprensión mutua y, sobre todo, la aceptación del otro. Si bien, la aparición de Lilli representa un punto de inflexión en la rutina conyugal, obligándoles a cuestionarse aspectos de su matrimonio basado en la rutina para descubrirles una infelicidad subyacente tras el aparente idilio de su convivencia. De esta forma, aquello que empezó siendo un inocente entretenimiento, acaba provocando efectos irreversibles en su relación. 

David Ebershoff opta por narrarnos la compleja transición de Einar/Lilli desde perspectiva del matrimonio dotando a la novela de un tono íntimo, centrándose en los efectos del cambio de sexo en el aspecto afectivo de la pareja, no en las implicaciones sociales de esta pionera metamorfosis con objeto de comprender mejor el drama personal de ambos personajes desde su propia perspectiva, pero siempre teniendo como vínculo común la existencia de Lilli. Adviértase que ambos personajes deben enfrentarse al rechazo y la incomprensión de los demás, así como la soledad que implica el secreto sobre la «verdadera» identidad de aquella chica danesa. 

Precisamente, el atractivo de la novela reside en las paradojas existenciales planteadas por el autor dotando al relato de una compleja psicología. La intersexualidad de Einar, la construcción de su auténtico «yo» da lugar a escenas que provocan sentimientos opuestos. David Ebershoff consigue el equilibrio necesario entre el rechazo y la fascinación que acaba dotando a la prosa de una belleza ambigua, incomprendida e incluso perturbadora con la que desafía los prejuicios, sin incurrir en el vulgar exhibicionismo o la provocación fácil del lector. 

Si bien, la libertad creativa que se concede el autor para recrear en la ficción la biografía de Einar acaba perjudicando notablemente la coherencia del relato a consecuencia de importantes omisiones que explicarían, entre otros aspectos, la excesiva tolerancia demostrada por la mayoría de personajes secundarios –sobre todo masculinos- para la época, pues, en realidad, Lilli Elbe acaba siendo rechazada por los amigos de Einar después de su operación, considerando que ella lo había «asesinado»; o el detrimento de Greta en beneficio de su marido, quien acaba convertida en una mujer frívola e impulsiva cuando, paradójicamente, era precisamente Lilli quien era descrita con esas exactas palabras en su diario. Es más, resulta incomprensible que Ebershoff haya prescindido de detalles tan relevantes para la mejor compresión de su relación como la homosexualidad de Greta, dotando de un nuevo significado a la escena trascendental de la novela, pues percibirse como una petición realizada simplemente al azar. 

A pesar de ello, David Ebershoff realiza un notable debut literario con «La chica danesa» un complejo drama sobre la identidad sexual humana, así como una insólita –e intensa- historia de amor inspirándose en el matrimonio Wegener. En un convulso período de entreguerras, el escritor estadounidense recrea con precisión e inteligencia una época repleta de incertidumbre –y esperanza- a través de la metamorfosis de Einar Wegener en Lilli Elbe. Si bien la excesiva libertad creativa que se concede el autor para recrear en la ficción la biografía de Einar incurre en incoherencias y el detrimento de Greta en beneficio de su marido, «La chica danesa» representa una de esas novelas ambiguas, capaces de provocar en el lector sentimientos opuestos, pero de lectura esencial para comprender la esencia de nuestra auténtico ser. Un relato conmovedor, trasgresor, provocativo, seductor y, ante todo, valiente sobre un hombre y una mujer prisioneros de un mismo cuerpo. 

LO MEJOR: Una novela tan valiente y trasgresora como la historia que inspira al autor. David Ebershoff consigue el equilibrio necesario que requiere la historia para generar sentimientos contrapuestos en el lector que permiten identificarse con la disyuntiva del propio Einar Wegener ante el nacimiento y crecimiento de Lilli Elbe. La sutileza de la prosa dota al relato de una belleza ambigua e incomprendida, sin necesidad de incurrir en el exhibicionismo o la provocación. 

LO PEOR: Los prejuicios todavía presentes en la sociedad. La excesiva libertad creativa que se concede el autor para recrear la biografía de Einar Wegener/Lilli Elbe perjudica la coherencia del relato, así como al personaje de Greta. 

Sobre el autor: David Ebershoff (1969) nació en Pasadena, California, y vive en Nueva York, donde trabaja como editor ejecutivo en Random House y además da clases de escritura en la Universidad de Columbia. Es autor de una colección de relatos, The Rose Story, y de tres novelas: La chica danesa, Pasadena y The 19th Wife, que tuvo una adapatación televisiva. Sus libros han cosechado múltiples premios y alcanzado grandes cifras de ventas, y se han traducido a veinte idiomas. Ebershoff ha aparecido dos veces en la lista anual de la revista Out de los cien personajes más influyentes del colectivo LGTB. La chica danesa (Anagrama, 2001) fue su debut, y está inspirada en la vida de Einar Wegener, el primer hombre que, en 1931, se sometió a una operación para cambiar de sexo. Tras su publicación se alzó con el premio de la Fundación Rosenthal de la American Academy of Arts and Letters y con el Lambda Literary Award.

3 comentarios:

  1. Buena crítica diseccionadora. Pero en esta ocasión me impele a no leer tal obra anunciada también en cine. Ya tengo muchos años; he vivido de casi todo incluido el sexo. Ahora me produce escalofríos ver lo supeditada que está la sociedad en su relación con el sexo el cual ya es el Gran Personaje Social. Aldous Huxley - en su prólogo al Mundo Feliz en su edición de posguerra mundial (1946)- ya nos dice que los nuevos dictadores serán quienes den libertad sexual total; con ella podrá intervenirnos en lo que le pete, pues la sociedad se considerará progresista... y ya casi estamos en ese régimen, falta el último empujón: la reclamación de pederastas ya iniciada en GB y la de las niñas en bodorrio con los musulmanes. Sorprende que Playboy haya iniciado su nueva andadura sin desnudos; quizás el carismático Hefner aprecia que muchos ya estamos hartos de tanto sexo explícito y que nos incita más adivinar que se oculta, o sea lo que se llamaba erotismo... desde una caída de ojos a un cruce de piernas.

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    1. Buenas tardes Saumen,

      En primer quisiera agradecerte nuevamente tu comentario. En anteriores ocasiones he comentado que posees una interesante opinión respecto a temas que no se limitan a la literatura y coincido plenamente respecto a lo que acabas de exponernos, pues considero que la sociedad actual está demasiada sexualidada, confundiendo libertad con libertinaje, has convertir el sexo en un acto mecánico y frívolo, casi una exigencia social de aceptación, sobre todo entre los más jóvenes.

      Con todo, mi intención al escribir sobre "La chica danesa" y "Carol" -o "El precio de la sal" antes de su adaptación cinematográfica- la próxima semana es una forma de dar visibilidad al colectivo LGTB ante las constantes agresiones que han sufrido desde comienzo del año, quedando impunes la mayoría. Personalmente, me resulta incomprensible -e hipócrita- que en la última edición de los Oscar se les concediese tanto protagonismo en la ficción para que, en la realidad, la homofobia se haya incrementado hasta alcanzar niveles verdaderamente preocupantes en una sociedad que tiende a definirse como "moderna, diversificada y tolerante".

      Muchas gracias por tu comentario y espero con impaciencia tu próximo comentario en futuras -o anteriores- autopsias literarias.

      Un abrazo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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