Critica de El hombre duplicado (José Saramago)

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Sinopsis: ¿Qué sucede cuando Tertuliano Máximo Afonso descubre a sus treinta y ocho años que en su ciudad vive un individuo que es su copia exacta y con el que no le une ningún vínculo de sangre? Ése es el interrogante que Saramago plantea en El hombre duplicado.

¿Cómo saber quiénes somos? ¿Qué nos define como personas individuales y únicas? ¿Podríamos intercambiarnos con nuestro doble sin que nuestros allegados lo percibiesen? Lo mejor de Saramago y un Saramago nuevo, en una novela que conjuga lo policial con la indagación profunda sobre la identidad humana.



Crítica: «Es usted el señor Daniel Santa-Clara, preguntó la voz, Sí, soy yo, Llevo semanas buscándolo, pero finalmente lo he encontrado, Qué desea, Me gustaría verlo en persona, Para qué, Se habrá dado cuenta de que nuestra voces son iguale, Me ha parecido notar cierta semejanza, Semejanza, no, igualdad, Como quiera, No somos parecidos solo en las voces, No le entiendo, Cualquier persona que nos viese juntos sería capaz de jurar que somos gemelos, Gemelos, Más que gemelos, iguales, Iguales, cómo, Iguales, simplemente iguales»

Los gemelos monocigóticos o univitelinos son lo más parecido a una copia genética exacta de dos seres humanos. A pesar de que el proceso de fecundación se produce con un único óvulo y un único espermatozoide,  se produce una bipartición del embrión durante sus primeras fases del desarrollo. De este modo, acaban compartiendo la misma placenta dos embriones viables proveniente de un solo cigoto. Inicialmente, los gemelos monocigóticos son prácticamente idénticos, pues comparten la totalidad de sus genes, salvo pequeñas variaciones genómicas que establecerá una  gradual diferenciación entre ambos. Si bien, resultan indistinguibles para la mayoría de las personas, e incluso para sus propios padres.

Una explicación lógica ante el desconcertante descubrimiento de Tertuliano Máximo Afonso, un anodino profesor de historia, que acaba de realizar viendo desganadamente una comedia ligera. Entre los actores aspirantes a grandes estrellas del celuloide, nuestro protagonista observa desconcertado un asombroso parecido con uno de los secundarios. Ahora, la ficción se ha convertido en realidad para Tertuliano, quien comenzará tras los créditos finales una búsqueda sin descanso para descubrir la identidad de su igual y, subsiguientemente, de si mismo.

José Saramago retoma la identidad humana como línea argumental de  su primera novela en el género de thriller psicológico después de «Ensayo sobre la ceguera» y «La caverna». El escritor portugués reflexiona sobre qué nos define como personas individuales, aquello que nos distingue, permitiéndonos ser únicos. Sin embargo, el punto de inflexión radica en qué ocurriría si no lo fuésemos. Entonces es cuándo nos preguntamos quién es real y quién no; quién es el original y la quién la copia del otro; quién tiene mayor derecho de vivir, de conservar su existencia independiente y quién tendría desaparecer para que la otra persona volviera a ser solo uno.

«Seré de verdad un error, se preguntó, y, suponiendo que efectivamente lo sea, qué significado, qué consecuencias tendrá para un ser humano saberse errado. »

«El hombre duplicado» plantea esta disyuntiva a través de la coexistencia de Tertuliano Máximo Afonso y su homólogo, Antonio Claro -o más conocido por su nombre artístico, Daniel Santa-Clara-. No obstante, aunque el encuentro -y posterior enfrentamiento- entre ambos parecen deberse a una serie de circunstancias fortuitas, como la recomendación del compañero de matemáticas, el orden de visualización de las películas alquiladas o la barba postiza; todo cuanto leemos posee una lógica propia. José Saramago introduce en la narración una gran cantidad de detalles que poseen una «doble» lectura, proporcionándole diferentes niveles de lectura e interpretación, tal y como demuestra el siguiente fragmento de la novela:

«Hubo ya quien afirmó que todas las grandes verdades son absolutamente triviales y que tendremos que expresarlas de una manera nueva y, si es posible, paradójica…»

Recuérdese la significativa ausencia de nombres para identificar a los personajes de «Ensayo sobre la ceguera», aludiendo a todas las víctimas anónimas de la pandemia y, aunque la historia se centraba en un único grupo, la situación era aplicable al resto de la población mundial, con independencia de las diferencias previas, ahora todos compartían un mismo rasgos que las definía: la ceguera blanca. O «La caverna», inspirándose en el relato de Platón para aportar su propia visión sobre la deshumanización del ser humano concibiendo un microcosmos- el Centro- que las personas consideran la única realidad existente, excepto Cipriano Algor, quien se negaba a aceptar una existencia limitada a consecuencia de su conocimiento del mundo exterior. Una alegoría concebida para «que la gente salga de la caverna».

Si analizamos «El hombre duplicado», comprobamos esa doble intencionalidad del autor cuando, por ejemplo, emplea los primeros capítulos en describir con gran precisión la rutina de  Tertuliano Máximo Afonso para reforzar nuestra percepción inicial sobre su persona como un hombre gris, carente de cualquier motivación o ambición en su vida, e incluso de hobbies. De hecho, resulta curiosa la elección de su profesión –profesor de historia-, pues el pasado implica enfrentarse con nuestros errores y aprender de ellos; pero Tertuliano lo rechaza y, por esta razón, incurre en las mismas faltas con María Paz. O la circunstancia de que descubriese a su doble  mientras veía una comedia ligera un aburrido sábado noche, cuando el cine representa una evasión de la realidad y, por el contrario, acaba por mostrarle la evidencia que él ignoraba hasta entonces.

Por otro lado, Antonio Claro opta por el mundo del espectáculo para dejar atrás el anonimato y conseguir el reconocimiento de los demás, justo lo contrario a Tertuliano Máximo. Los cambios de imagen exigidos por el guión conllevan a renuncia voluntaria de su identidad para convertirse en otra persona delante de la cámara. Precisamente, el deseo de convertirse en otra persona, pero sin afrontar a las consecuencias de sus actos tal y como le sucede cuando interpreta, pone en evidencia el narcisismo y hedonista de la sociedad actual.

Y es que Saramago no se conforma con proporcionar al lector un entretenimiento insustancial, sino la reflexión subjetiva sobre las ideas expuestas en la novela. Por esta razón sus novelas rompen con todos los arquetipos, optando por una estructuración basada en párrafos únicos en cada capítulo, en los que los diálogos están intercalados con el resto de la narración, sin distinciones. De esta forma, José Saramago juega con el lector, sorprendiéndolo al introducir giros narrativos inesperados cuando sigue describiéndonos escenas cotidianas que, en apariencia, resultan intrascendentales para la trama principal. No obstante, poco a poco descubrimos que esos detalles están conectados. Es decir, el autor nos confunde a través de una sucesión de pormenores que acaban revelando su auténtica importancia para la resolución de la novela. Asimismo, permite dosificar aquellos que pudieran desvelarnos aspectos cruciales hasta conseguir un final absolutamente magistral.  

Con todo, la principal intención del autor es conseguir interactuar con el lector anónimo a través de la ironía y la ruptura de los convencionalismos.


«De acuerdo con las convenciones tradicionales del género literario al que fue dado el nombre de novela y que así tendrán que seguir llamándose mientras no se invente una designación más de acuerdo con sus actuales configuraciones, esta alegre descripción, organizada en una secuencia simple de datos narrativos en el cual, de modo deliberado, no se permite la introducción ni de un solo elemento de tenor negativo, estaría allí, arteramente, preparando una operación de contraste que, dependiendo de los objetivos del novelista, tanto podría ser dramática como brutal o aterradora, por ejemplo, una persona asesinada en el suelo y encharcada en su propia sangre, una reunión consistorial de almas del otro mundo, un enjambre de abejorros furiosos de celo que confundieran al profesor de Historia con la abeja reina, o, peor todavía, todo esto reunido en una sola pesadilla, puesto que, como se ha demostrado, hasta la saciedad, no existen límites para la imaginación de los novelistas occidentales, por lo menos desde el antes citado Homero, que, pensándolo bien, fue el primero de todos.»

Precisamente, la estructura de sus novelas resulta demasiado compleja para el lector acostumbrado a párrafos cortos y frases breves, sin apenas subordinadas. José Saramago se recrea en la prosa, en ocasiones demasiado, provocando desidia. A pesar de que la repetición busca la reafirmación de ideas, acaba resultando abrumadora.

Otra dificultad es la imposibilidad de realizar pausas, por la existencia de un único párrafo constituido principalmente por comas. La ausencia de puntuación complica retomar la lectura donde la habíamos dejado. Sin olvidar los diálogos, en los que se no se especifica la persona que está hablando, excepto al comienzo. En varias ocasiones, cuando Tertuliano Máximo realiza un monólogo que acaba convirtiéndose en una conversación con su propio yo, denominado aquí como el juicio común o la razón, impiden la distinción entre las personas que intervienen.

Es posible que la intención del autor fuese precisamente esa, crear un conflicto de personalidad en el que nos demostrase nuestra incapacidad para decir quién es quién. No obstante, acaba afectando al ritmo, provocando constantes variaciones.

A pesar del título, «El hombre duplicado» no es una copia de novelas anteriores, sino una historia completamente original y diferente. El primer thriller psicológico de Saramago nos plantea un dilema moral acerca de la progresiva pérdida de nuestra humanidad, olvidándonos de aquello que nos define como personas convirtiéndonos en seres exactamente iguales. Una sucesión de vidas paralelas que, aunque coexistan en un mismo espacio y/o tiempo, jamás deberán conocer la presencia del otro excepto, porque uno de los dos intentará imponerse sobre el otro para asegurarse de que, cuando mire su reflejo, sea la única copia que existe de él. Al fin y al cabo, todos intentamos dar respuesta a la pregunta «¿Quién soy?».

LO MEJOR: El conflicto sobre la identidad humana, previamente utilizada en «Ensayo sobre la ceguera» y «La caverna». La «doble» lectura de la novela. La interacción del autor con el lector, invitándolo a reflexionar sobre las cuestiones planteadas. El final, completamente inesperado.

LO PEOR: Los primeros capítulos resultan muy lentos.  El propio estilo del autor orientado a un reducido grupo de lectores acostumbrados a sus novelas.

Sobre el autor: José Saramago (Azinhaga, 1922 - Tías, Lanzarote, 2010) es uno de los escritores portugueses más conocidos y apreciados en el mundo entero. En España, a partir de la primera publicación de El año de la muerte de Ricardo Reis, en 1985, su trabajo literario recibió la mejor acogida de los lectores y de la crítica.

Otros títulos importantes son Manual de pintura y caligrafía, Levantado del suelo, Memorial del convento, Casi un objeto, La balsa de piedra, Historia del cerco de Lisboa, El Evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres, La caverna, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez, Las intermitencias de la muerte, El viaje del elefante, Caín, Poesía completa, los Cuadernos de Lanzarote I y II, el libro de viajes Viaje a Portugal, el relato breve El cuento de la isla desconocida, el cuento infantil La flor más grande del mundo y el libro autobiográfico Las pequeñas memorias, El Cuaderno y José Saramago en sus palabras, un repertorio de declaraciones del autor recogidas en la prensa escrita. Además del Premio Nobel de Literatura 1998, Saramago fue distinguido por su labor con numerosos galardones y doctorados honoris causa.

4 comentarios:

  1. me pareció ese típico final donde el director dice : ¿y ahora que pongo de ultima escena? y por favor la música de la película no encajaba esa música es como para una película de terror no este tipo de peliculas

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    1. Buenas noches Tiago,

      Por desgracia no he visto la adaptación cinematográfica de la magnífica novela de Saramago, aunque Dante Martín (Cine y Bso) ya me comentó que se trataba de una adaptación bastante libre partiendo de la historia original. Sin embargo, no puedo opinar al respecto hasta verla personalmente y, a consecuencia de la pésima distribución en las salas de cine españolas, tendré que esperar hasta su estreno en DVD.

      Un abrazo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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  2. Creo que estos Señores, siendo buenos escritores, cuando tienen una excelente idea (obra literaria) pero no hayan como terminarla, precisamente recurren al más viejo recurso: que el lector "interprete" el final.
    Es un final estúpido y sin correlación con la idea original y trama de fondo.
    Sus obras tiene ese sello: ¿Porqué será que recibió el Nobel? ¿Que existe de común con Pablo Neruda?
    La obra...sumando y restando (este ultimo es mayor) PESIMA

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    1. Buenas tardes,

      Discrepo por completo de tu interpretación acerca del uso que Saramago realiza del final abierto. El escritor portugués conseguía con sus novelas que la lectura, una actividad pasiva, se convirtiera en una diálogo activo precisamente a la interlocución que realiza a través de su prosa. Es cierto que determinados escritores, ante la incapacidad de proporcionar a su obra una conclusión equiparable en calidad al resto de la historia, abusan de este recurso; pero Saramago no se encuentra dentro de esta categoría.

      Muchas gracias por tu comentario y espero que sigas participando en futuras autopsias literarias.


      Un cordial saludo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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