Critica de Los vigilantes del faro (Camilla Läckberg)

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Sinopsis: Desde que Patrik se ha reincorporado al trabajo, Erica se dedica de lleno a sus gemelos, que nacieron prematuros. Apenas tiene tiempo para ir a visitar a Annie Wester, una compañera de instituto que acaba de regresar a Fjällbacka después de muchos años. Junto con su hijo Sam, Annie se ha instalado en el faro abandonado de la isla de Gråskär, propiedad de su familia. A pesar de los rumores que circulan por el pueblo sobre la leyenda de la «isla de los espíritus», en la que los muertos vagan libremente, no parecen importarle las voces extrañas que oye por la noche. Además, su antiguo novio Matte Sverin, quien también ha pasado unos años en Estocolmo y acaba de empezar a trabajar en el Ayuntamiento de Fjällbacka, aparece asesinado. Annie es la última persona que lo ve con vida.

Estos sucesos le depararán a Patrik y a su eficaz colaboradora Paula muchos quebraderos de cabeza. Por su parte, Erica, que realiza su propia investigación en paralelo, conseguirá atar algunos cabos sueltos que serán de gran ayuda para la resolución del caso.


Crítica: «Parece que toda la gente del mundo tiene la impresión errónea que Suecia es el país perfecto. No hay crímenes, y no hay problemas. Y esa es una imagen completamente equivocada.»

Al igual que en sus anteriores novelas, Camilla Läckberg se convierte en la voz crítica que denuncia las injusticias de la sociedad sueca a través de sus libros. En esta ocasión, la autora retoma el maltrato doméstico, una temática empleada en otras entregas de la saga y que afectó de forma personal a varios de los personajes principales, como principal eje argumental. No obstante, también hace referencia al tráfico de drogas, la corrupción política y la impunidad de la que se benefician algunos delincuentes para llevar a cabo sus crímenes.

«Los vigilantes del faro» nos demuestra la estrecha relación que existe entre ellos a consecuencia de dos aspectos en común: el miedo y el silencio. Con frecuencia, las personas convertidas en testigos involuntarios de un crimen mienten para protegerse. El instinto de supervivencia se antepone al deber cívico de cualquier ciudadano a denunciarlos para evitar que vuelvan a repetirse, porque nadie desea verse implicado en un interminable proceso judicial  que, bastante posibilidad, no concluya en una condena ejemplar contra los acusados. Al contrario, los ciudadanos observan con impotencia  las resoluciones a favor de imputados, mientras que las víctimas quedan desamparadas. La justicia que debía protegerlas les ha dado la espalda, dejándolas completamente solas.

Por esta razón, Annie, Madeleine y Emilie intentan sobrevivir sin ayuda, conscientes de que nadie acudirá a socorrerlas como en ocasiones anteriores. Cada insulto, cada grito, cada golpe será sufrido con estoicismo mientras el resto continuamos nuestras vidas quejándonos de aspectos tan pueriles como la hipoteca, el trabajo o el colegio de los niños.

Camilla Läckberg retrata de forma sobria esta temática en un escenario común, el pueblo pesquero de Fjällbcka, pero en espacios temporales diferentes. Por un lado, la investigación policial iniciada después del asesinato de Matte Sverin, antiguo novio del instituto de Annie. Por otro, la traslación del lector hasta 1870 en la isla de Graskär (o «la isla de los espíritus») a través del relato de Emily sobre su vida en este misterioso lugar, descubriendo  que no debemos temer a los muertos, sino a los vivos.

Por primera vez, la autora recurre al folklore y las leyendas populares de su país como elemento narrativo que, a su vez, sirven para ilustrar el bucle en el que están inmersas sus protagonistas. Leyendo con atención ambas historias, apreciamos numerosos paralelismos, porque nos narran el mismo drama en circunstancias diferentes.

De hecho, la isla de Graskär es una metáfora perfecta sobre el desamparo de las víctimas que se encuentran atrapadas ante la indiferencia o el desconocimiento del resto de la población sueca acerca de su situación personal. Es decir, el paisaje yermo representa su desesperanza, la imposibilidad de encontrar algo por lo que seguir luchando ante la irresistible atracción que ejerce sobre ellas el mar, es decir, la redención absoluta. Las olas murmuran primero, y gritan después, una promesa, la posibilidad de terminar con el dolor y el miedo para siempre. Solo debemos rendirnos, dejándonos arrastrar por la corriente…

La introducción de elementos paranormales en la trama implica una variación significativa respeto al tono de sus obras previas, caracterizadas por el realismo.  «Los vigilantes del faro» se distancia para ofrecernos una nueva faceta de la autora que sorprende  al lector, en especial cuando comprobamos la línea argumental precedente, todavía vigente en otros aspectos como la coherente evolución de sus personajes durante siete títulos consecutivos (y los dos próximos pendientes de traducción y publicación en nuestro país). Si bien, algunas subtramas como la de Vivianne y su hermana no terminan de enlazarse.

Es posible que la intención de la autora fuese dulcificar la crudeza del maltrato doméstico recurriendo a viejas leyendas de fantasmas, cuando previamente  había empleado el tradicional cuento de Hansel y Gretel de forma inversa («Crimen en directo»). De esta forma, Camilla Läckberg vuelve a demostrarnos su gran versatilidad para retomar un conjunto de elementos conocidos, pero sabiendo aportarle en cada ocasión un nuevo elemento con el que siempre captar el interés del lector.

A pesar de estos cambios, los seguidores de la autora sueca seguirán encontrando todos los detalles que caracterizan las novelas de Erica Falck y Patrik Herdström: el ritmo pausado de la narración, el nivel de detalle en cada escena, la coherencia de los personajes, los cliffhanger al final de capítulo...

«Los vigilantes del faro» nos aleja de la seguridad de Fjällbcka para adentrarnos en un nuevo misterio. Nuevamente, el pasado desempeña un papel crucial para su resolución, aunque de una forma completamente diferente a la que Camilla Läckberg nos tiene acostumbrados. Una novela dotada de una belleza trágica, que manifiesta las palabras de Gabriel García Márquez a través de la superación de la pérdida, el dolor y la soledad: «la memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado.»

LO MEJOR: La coherencia narrativa respecto a las anteriores entregas de la saga, sobre todo en la evolución de los personajes. El nuevo escenario de Fjällbcka, la isla de Graskär (o «la isla de los espíritus»). Los paralelismos entre las historias de Annie, Madeleine y Emilie. El peculiar tratamiento del maltrato doméstico a través de una subtrama paranormal.

LO PEOR: La ruptura con el tono realista de las novelas previas puede desconcertar, e incluso desagradar a algunos seguidores.  En esta ocasión, Camilla Läckberg no consigue que todas las subtramas se desarrollen al mismo nivel cualitativo.

Sobre la autora: Camilla Läckberg nació en  la pequeña localidad de Fjällbacka, donde se desarrollan sus novelas. Esla mejor representante de la novela negra escandinava y la autora más leída de Suecia. En cada nueva entrega de las aventuras de Erica y Patrik, la autora demuestra otra vez que sus logros, dos millones de ejemplares vendidos sólo en Suecia, derechos de sus libros cedidos a más de treinta países, adaptaciones cinematográficas y múltiples premios, se deben a un talento fuera de lo común y a una manera de narrar tan original como cautivadora.



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