Crítica de El Ojo Blanco (Guadalupe Eichelbaum)

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Sinopsis: Alicia es una inquieta niña de once años a la que le apasiona el género de terror tanto en las películas como en los libros, pero… ¿Y en la vida real?

Antes de que leas lo que le sucede debo hacerte una advertencia: ¡Ándate con ojo! (pero que no sea blanco)

Reseña: «Hay un ojo blanco que me observa. Hay un ojo blanco que me mira. No es que sea un ser (animal, persona, extraterrestre…) que posea un solo ojo, es que como si la imagen que yo veo, la que me llega a la cabeza fuera una foto tomada desde muy cerca y sólo veo el ojo, totalmente blanco y grande. A esclerótica, la pupila, el iris… todo es blanco en ese ojo. Todo excepto algunos capilares sanguíneos que forman diminutas redecillas rojas por los bordes inferiores del níveo ojo. Él me mira y yo lo miro. Lo malo es que no sé si es mi imaginación o la realidad.»

Al contrario que otras adolescentes, Alicia no escribe en su diario sobre el instituto, la relación con sus padres, los amigos, el primer amor, los cambios en su cuerpo u otras inquietudes propias de esta edad. Pese a su juventud, esta joven demuestra una madurez inusual y, por esta razón, intenta encontrarle una explicación lógica a las perturbadoras visiones que sufre desde hace meses protagonizadas por un ojo blanco. Y es que como el personaje de Lewis Carroll, nuestra protagonista iniciará un viaje a través de la locura conforme se incrementan esta imagen, obligándola a replantearse todo cuanto conocía sobre el miedo.    

Guadalupe Eichelbaum nos ofrece una novela breve de terror orientada al público juvenil que poco o nada tiene que envidiar a R.L. Stine, así como la saga de libros «Pesadillas». La autora nos narra la pesadilla de Alicia a través de las páginas de su diario, permitiéndonos conocer en primera persona su declive físico y psicológico mediante. Estos breves capítulos posibilitan diversificar la tensión del relato de forma gradual, pues Guadalupe alterna escenas cotidianas con la presencia de elementos paranormales que irrumpen en la rutina de Alicia, convirtiendo su vida en una auténtica pesadilla, incluso cuando está despierta.

Es posible que algunos lectores tiendan a identificar esta estructura narrativa con autores como Ramsey Campbell («La secta sin nombre»), Clive Barker («Hellraiser») o Stephen King («It») y encontraría bastantes similitudes de estilo como la irrupción del terror en un ambiente cotidiano a través de un elemento de apariencia inofensiva, pero de naturaleza paranormal; o el desconocimiento sobre la causa, origen de estos acontecimientos hasta que la historia se encuentra muy avanzada. Sin embargo, el minimalismo de «El ojo blanco» ante el reducido número de escenarios, personajes e incluso situaciones que se nos describen o intervienen le otorga un estilo más sencillo y, por ende, cercano al lector.  Precisamente, esta sencillez perceptible tanto en el planteamiento como en el desarrollo contribuye a reforzar la empatía por Alicia. El lector experimenta la impotencia, la furia, el miedo y, finalmente, la redención de su protagonista ante el inevitable final de esta historia.

Es cierto que la explicación sobre el origen del ojo blanco resulta demasiado tópica, en especial la propicia secuencia de casualidades que permiten a esta presencia irrumpir en la vida de Alicia. Diríase que la novela da un giro narrativo considerable tras la explicación sobre el origen de este mal, e incluso el ritmo se vuelve más apremiante. Por suerte, Guadalupe Eichelbaum consigue encauzar nuevamente la historia con un magnífico epílogo que deja abierta la posibilidad de una segunda parte.

De igual modo, «El ojo blanco» es una lectura abundante en pequeños detalles que enriquecen su lectura. A pesar de orientarse a un lector más joven (y que de forma equívoca se considera menos exigente), la inusual madurez de Alicia nos proporciona fragmentos caracterizados por su sinceridad e inocencia, como la explicación de su fascinación sobre el terror o la incomprensión de los adultos, atribuyéndolo todo a su prolífica imaginación.

Clasificar la novela de Guadalupe Eichelbaum como terror juvenil sería limitarse en exceso, pues nos encontramos ante un thriller psicológico que, a pesar de la sencillez y brevedad del argumento, posee una madurez en comparación con otras obras pertenecientes al género. No pestañees durante su lectura, porque «El ojo blanco» no lo hará mientras estés leyendo. Siempre observando, oculto entre las tinieblas de nuestros mayores miedos, esperando el momento oportuno y entonces… Demasiado tarde, lo perdiste de vista. A partir de ahora, «¡Ándate con ojo! (pero que no sea blanco)».

LO MEJOR: La facilidad para identificarse con el personaje de Alicia, sobre todo para los aficionados al terror. El estilo minimalista de la autora que permite centrarse exclusivamente en la historia. La estructura narrativa y la secuenciación de la historia.

LO PEOR: La explicación basada en una secuencia de casualidades. El empleo de algunos tópicos relacionados con el terror juvenil. El cambio de ritmo en el último tercio.

Sobre la autora: Guadalupe Eichelbaum nació en Buenos Aires (Argentina), en 1968. Desde muy niña vive en España, en la provincia de Málaga. Profesionalmente se dedica a la docencia, pero es la escritura, su gran pasión, la que le tira más. Proviene de una familia con una larga tradición literaria, por lo que las letras corren por su sangre. Ya de pequeña redactaba poesías, cuentos infantiles y relatos cortos que atesoraba celosamente en cajones, pero no fue hasta 2002 que publicó alguno de ellos, concretamente Mi lado de la verja en las páginas del Boletín de la ONG Málaga acoge.

Ha visto publicadas ya tres novelas: El peregrinaje de Rubén (Alhulia, 2005), Siempre en mi memoria (Alhulia, 2008) y Tengo pies (Aladena, 2010), así como el relato Tormenta de verano, finalista en el Certamen Literario Puente de Letras 2007. Su libro de relatos 17 Trozos está disponible en su blog. El Ojo Blanco es la primera enfocada a un público menor de edad.

Dotada de una gran sensibilidad y de un hábil manejo del lenguaje, Guadalupe consigue que el lector se meta en la piel de sus personajes.

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