Crítica de El juego de Ender (Orson Scott Card)

3 Comments

Sinopsis: La Tierra se ve amenazada por los insectores, una raza extraterrestre completamente ajena a los humanos, a los que pretende destruir. Para vencer a los insectores es necesario un nuevo tipo de genio militar, y por ello se ha permitido el nacimiento de Ender, quien en cierta forma constituye una anomalía viviente: es el terc er hijo de una pareja en un mundo que ha limitado estrictamente a dos el número de descendientes. El niño Ender deberá aprender todo lo relativo a la guerra en los videojuegos y en los peligrosos ensayos de batallas que realiza con sus compañeros. A la habilidad en el tratamiento de las emociones, ya característica de Orson Scott Card, se une en este libro el interés por el empleo de las simulaciones de ordenador y juegos de fantasía en la formación militar, estratégica y psicológica del protagonista.  El juego de Ender, la novela más conocida de Orson Scott Card, obtuvo los dos premios más prestigiosos de la ciencia ficción: el Nebula a la mejor novela en 1985 y el Hugo a la mejor novela en 1986.


Crítica: “–Te lo diré llanamente. Los seres humanos son libres, excepto cuando la humanidad los necesita. A lo mejor la humanidad te necesita. Para hacer algo. Creo que la humanidad me necesita a mí para averiguar para qué sirves. Los dos podemos hacer cosas despreciables Ender; pero si la humanidad sobrevive, habremos sido buenos instrumentos.

-¿Nada más? ¿Solo instrumentos?

-Los seres humanos son todo instrumentos; que los demás podemos utilizar para que podamos sobrevivir todos.

-Eso es mentira.

-No. Es simplemente una verdad a medias. Te puedes preocupar de la otra mitad una vez que hayamos ganado la guerra.”

A pesar de que no existen cifras concretas, los últimos informes de la ONU y otras organizaciones gubernamentales como Save The Children o Amnistía Internacional estima que 300.000 niños y niñas son obligados a ejercer como soldados en diecisiete países. Obligados a renunciar a la infancia que les correspondía, aprenden lejos de las escuelas en las que nunca llegaran a estudiar a convertirse en eficaces máquinas para asesinar sin contemplaciones. En ningún momento vacilarán al apretar el gatillo, acatando siempre las órdenes de sus superiores, porque ahora su patio de juegos es el campo de batalla y perder significa la muerte.

Orson Scott Card describía brevemente en la novela original las experiencias de Ender durante su formación en la Escuela de Batalla y la Escuela de Comandantes para combatir a los insectores. El autor empleaba estos antecedentes para desarrollar una cuestión moral tan compleja como el empleo de jóvenes como armas de guerra.  Sin embargo, «El juego de Ender» también incluía una notable mención al inestable contexto político previo a la caída de la URSS, ampliado en la edición definitiva del libro publicada  en 1991. Ambos demuestran que, pese a dirigirse hacia un lector preferiblemente juvenil, Card no pretendía limitarse al mero entretenimiento a través de una historia que reunía los elementos más característicos de la ciencia ficción y, sobre todo, las space opera.  Es cierto que utiliza épicas batallas intergalácticas entre especies extraterrestres y la humanidad, naves especiales viajando más allá de los límites del universo conocido o el descubrimiento de nuevos y peligrosos planetas. Con todo, el autor también hace mención de aspectos muy controvertidos que nos recuerdan a «Tropas del espacio» (Robert A. Heinlein) por el militarismo de su prosa, la descripción de una jerarquía militar que para sustentarse en el fascismo o la justificación del castigo físico.

No obstante, «El juego de Ender» se diferencia por el cuestionamiento que realizan sus personajes sobre el sistema educativo; es decir, aunque obedezcan las órdenes de sus profesores, algunos alumnos se revelan ante las injusticias y abusos de los que son víctimas ellos, así como el resto de sus compañeros. De este modo, Orson Scott Card alecciona sobre la importancia del libre pensamiento con objeto de conservar nuestra humanidad frente a la violencia cada vez más presente en nuestras vidas.

En ese sentido, resulta interesante destacar la auténtica función del juego, pues el autor profetizaba algunos de los avances tecnológicos empleados en muchos conflictos bélicos concebidos para reducir al máximo las bajas humanas, aunque también impiden percibir las secuelas de la acción. Un buen ejemplo son los helicópteros teledirigidos manejados utilizados para realizar ataques desde larga distancia. La persona que maneja el aparato jamás visualizará los devastadores efectos sobre el terreno, porque toda la operación se ha desarrollado a través de una pantalla como un videojuego. Por esta razón, solo cuando Ender es capaz de comprender la auténtica gravedad de sus actos, puede de por quién quiere seguir siendo utilizado.

«Nadie controla su propia vida, Ender. Lo más que puedes hacer es elegir ser controlado por personas buenas, por personas que te quieran»

De ahí los últimos capítulos de la novelas que sirven de prólogo para «La voz de los muertos», en la que Card profundiza sobre algunas cuestiones teológicas planteadas en el primer volumen de la Saga Ender.

Si bien el autor consigue realizar un magnifico planteamiento de todas estas cuestiones, la edad de los protagonistas nos resulta incoherente con las situaciones descritas. Es cierto que el competitivo ambiente bélico en el que conviven nuestros jóvenes protagonistas los obliga a madurar de forma precipitada, pero la mayoría no excede de los diez años. Por esta razón supone un gran esfuerzo para el lector imaginar determinadas escenas sin atribuirle una edad superior a la concedida por el autor, especialmente con Ender y sus hermanos. En el primer caso, el protagonista solo tiene seis años cuando ingresa la Escuela de Batalla, mientras que Peter y Valentine consiguen la opinión pública mundial cuando todavía no han experimentado los cambios de la adolescencia.

Por otro lado, las relaciones entre algunos personajes resultan confusas en su interpretación. De hecho, el afecto de Alai hacia el protagonista posee ciertas connotaciones sexuales que no terminan  de esclarecerse, sino se incrementan a partir de las conversaciones y gestos compartidos en los escasos momentos de intimidad que ambos disfrutan.

Únicamente Mazer Rackham tiene verdadero atractivo, rompiendo con la secuencia narrativa previa que se limita a describir entrenamientos, batallas de simulación y enfrentamiento entre los alumnos. Es más, aunque su intervención sea breve, resulta clave para resolver la Tercera Invasión a favor de la raza humana. Orson Scott Card le proporciona una personalidad enigmática, oscura y, sobre todo, ambigua. El personaje de Mazer posee tanto de héroe como villano, demostrándole a Ender que debemos conservar a nuestros amigos cerca, pero todavía más a nuestros amigos.

«No hay más maestro que el enemigo (...) Sólo el enemigo te enseña tus puntos débiles. Sólo el enemigo te enseña tus puntos fuertes. Y las únicas reglas del juego son qué puedes hacerle y qué puedes impedir que te haga»

En realidad, «El juego de Ender» es una novela bien planteada, aunque mal desarrollada. Las constantes revisiones  del autor para establecer conexiones entre las novelas posteriores son demasiado perceptibles. Si leemos con atención, comprobamos las diferencias en el estilo del autor entre ellos. Un ejemplo, los capítulos de Ender durante su formación son muy descriptivos, pero dinámicos. Por el contrario, otros poseen un estilo más pausado, deteniéndose de forma constante a profundizar en cuestiones teológicas a través de los diálogos, acorde con sus creencias mormonas.

De hecho, Card planea volver a reescribirlo para ajustarlo al contexto actual por la influencia de las redes sociales y el mundo virtual, pues las primeras modificaciones se realizaron para reflejar la inestabilidad política ante el derrumbamiento del régimen comunista.

Por subsiguiente, «El juego de Ender» no resulta ser un entretenimiento apto para todas las edades, básicamente porque esa no es su finalidad. Orson Scott Card plantea a los jóvenes una serie de cuestiones que les afectan, como la normalización de la violencia o la evasión a través del mundo virtual, aunque ellos no sean capaces de percibir su grado de responsabilidad en esta situación. No obstante, algunos aspectos resultan incoherentes debido, principalmente, a las diversas reescrituras que alteran de forma significativa el ritmo narrativo o la evolución de los personajes. En consecuencia, cuando la pantalla muestre «Game Over» es muy posible que pocos decidamos darle a la opción de reiniciar la partida. Al fin y al cabo, ¿es solo un juego, verdad?.

LO MEJOR: El planteamiento inicial de la novela. El verdadero significado de muchas escenas, como la auténtica función del juego. Mazer Rackham.

LO PEOR: La constante modificación del texto original. Los sentimientos de los protagonistas resultan extremistas e inducen a confusión. La edad de los personajes, sobre todo de Ender y sus hermanos, no resulta  creíble en ningún momento de la novela.  Las semejanzas con «Tropas del espacio» (Robert A. Heinlein), casi idénticas en la presentación del argumento y parte del desarrollo.  

Sobre el autor: Orson Scott Card es conocido por sus novelas de ciencia ficción, con  las que ha logrado grandes éxitos como El juego de Ender o La voz de los muertos.

Card estudió en la Universidad de Utah y profesa la religión mormona, debido a lo cual vivió dos años en Brasil como parte de su formación. La iglesia fue importante en los inicios literarios de Card ya que fue en la revista mormona Ensign donde publicó sus primeros trabajos en 1977.

El salto a la ciencia ficción llegó con El juego de Ender, que pasó de novela corta a novela en 1977 y con la que consiguió el premio más prestigioso del género, el Hugo, algo que también conseguiría con su continuación, La voz de los muertos.

A partir de ese momento, la prolífica carrera de Card se dispara con varias continuaciones de Ender y la creación de las sagas de Alvin Maker o La saga del retorno. Además, Card se ha dedicado a dar clases de Escritura Creativa, con la intención de aplicar nuevas técnicas de enseñanza.
A lo largo de su carrera, Card, además de varios Premios Hugo, ha sido merecedor de galardones como el Nébula, el John W. Campbell o el Locus.

3 comentarios:

  1. Un análisis profundo y exhaustivo. Especialmente interesante la reflexión sobre la crítica que Orson Scot Card realiza sobre los paradigmas de la educación y las necesidades de la sociedad moderna.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes Capitán,

      Muchas gracias por tu valoración de mi trabajo, siempre es un placer leer tus comentarios para conocer la opinión de mis seguidores y continuar mejorando. ^_^

      Un abrazo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

      Eliminar
  2. Magistral El juego de Ender para aquellos que podemos ver mas allá de los efectos especiales y la ciencia ficción... saludos. :)

    ResponderEliminar

-->