Crítica de The help (Kathryn Stockett)

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Sinopsis: Skeeter, de veintidós años, ha regresado a su casa en Jackson, en el sur de Estados Unidos, tras terminar sus estudios en la Universidad de Misisipi. Pero como estamos en 1962, su madre no descansará hasta que no vea a su hija con una alianza en la mano. Aibileen es una criada negra. Una mujer sabia e imponente que ha criado a diecisiete niños blancos. Tras perder a su propio hijo, que murió mientras sus capataces blancos miraban hacia otro lado, siente que algo ha cambiado en su interior. Se vuelca en la educación de la pequeña niña que tiene a su cargo, aunque es consciente de que terminarán separándose con el tiempo. Minny, la mejor amiga de Aibileen, es bajita, gordita y probablemente la mujer con la lengua más larga de todo Misisipi. Cocina como nadie, pero no puede controlar sus palabras, así que pierde otro empleo. Por fin parece encontrar su sitio trabajando para una recién llegada a la ciudad que todavía no conoce su fama. A pesar de lo distintas que son entre sí, estas tres mujeres acabarán juntándose para llevar a cabo un proyecto clandestino que supondrá un riesgo para todas. ¿Y por qué? Porque se ahogan dentro de los límites que les impone su ciudad y su tiempo. Y, a veces, las barreras están para saltárselas.

Reseña: En marzo de 1955, Claudette Colvin, una joven estudiante afroamericana de Alabama, se negó a ceder su asiento a una pasajera de raza blanca. Nueve meses después, Rosa Parks repitió el gesto. Aquello serviría de precedente para terminar con la discriminación en el transporte público interestatal, entre los jóvenes que secundaron el boicot se encontraba el joven reverendo Martin Luther King, Jr.

La lucha contra la segregación racial estadounidense la conforman cientos de historias anónimas que no trascendieron a los medios de comunicación ni a la opinión pública, y, sin embargo, fueron determinantes para conseguirla.


Kathryn Stockett realiza su particular homenaje con The help y, al igual que sus personajes, conoció el rechazó antes de conseguir publicar su novela, siendo rechazada en más de 60 editoriales antes de conseguir encontrar una representante dispuesta a darle una oportunidad. Sorprende comprobar los paralelismos con la historia de Skeeter y alguno no podrá evitar preguntarse hasta qué punto la autora se ha reflejado en su persona. Sin embargo, esa es otra historia.

En pleno corazón del Mississippi más conservador y caucásico conocemos a Aibeelen y Minny, dos criadas que trabajan al servicio de varias señoras, gracias un nuevo tipo de esclavitud socialmente aceptada, pero no demasiado diferente de aquella donde predominaban las cadenas o los latigazos, siendo sustituidos por la indiferencia ante su situación o los abusos de otra índole. Las torturas ya no dejan una huella visible, pues no son físicas, sino psicológicas. El objetivo es el menosprecio de un colectivo social, para prolongar unas diferencias que, en realidad, solo existen en la mente de aquellas personas que las establecen.


Una situación de desamparo y vergüenza reflejada a través de un testimonio de Aibeelen:

«Esa mañana, después de que me despidieran, regresé a casa y me quedé en la calle, delante de la puerta, mirando mis zapatos nuevos. Unos zapatos que le habían costado a mi mamita lo mismo que la factura de la luz de un mes. Supongo que entonces comprendí lo que significaba la vergüenza y cuál era su color. La vergüenza no es negra como la suciedad, como siempre había creído. La vergüenza es del color de ese nuevo uniforme blanco que, para poder pagarlo, tu madre se ha pasado toda la noche planchando. Blanca sin una sola mota, ni una mancha. Inmaculada.»


El regreso de Skeeter, una joven inconformista y rebelde, con ideas demasiado modernas para la tradicional comunidad en la que siempre ha vivido, representa el inicio de un cambio necesario desde hace mucho tiempo, aunque ello le suponga el rechazo de sus amistades y la incomprensión de su propia familia. De hecho, este personaje acaba adquiriendo mayor protagonismo que las anteriores. Algunos aspectos como la tormentosa relación con su madre, sus problemas amorosos o su incapacidad para seguir ignorando el despotismo con el que sus amigas someten a las criadas, especialmente Holly Holbrock, gozan de un tratamiento privilegiado y mayor espacio que las historias de Aibeelen y Minny. Parece como si Kathryn Stockett hubiese pretendido reflejarse en el personaje, expresando a través de la ficción todos sus conflictos y frustraciones personales. Una percepción reforzada al comprobar el escaso papel que desempañan otros personajes femeninos, como Holly Holbrock, Elizabeth Leefolt o la señora Walter. Es más, muchos aspectos de su vida cotidiana los conocemos precisamente a través de los testimonios de sus criadas y no de las señoras, como ocurre con Skeeter.


Al igual que ocurrió en Tomates verdes fritos (Fannie Flag), la discriminación racial acaba por convertirse en un aspecto secundario frente al retrato de la élite. Si bien, Celia Rae Foot proporciona algunas de las escenas más divertidas (y trágicas) de la novela, Kathryn Stockett debería haberle proporcionado a todos sus personajes la misma importancia para conseguir el equilibrio narrativo. Otra opción plausible hubiese sido inclinarse a favor de una sola temática, pues la percepción final de la novela es que pretendía abarcar demasiados aspectos que, aunque relacionados entre sí al desarrollarse en un mismo contexto, se eclipsan mutuamente. En realidad, The help describe los múltiples aspectos negativos que todavía imperan en nuestra sociedad, pues la discriminación sigue presente. Sin embargo, también hay un hueco para hablar de la soledad y la amistad.


En el primer caso, la relación entre Aibeleen y May Mobley, quien cuida de la pequeña enseñándole valores a través de imaginativos juegos para mitigar la influencia de las ideas racistas de su profesora o sustituyendo a una Elizabeth siempre ausente el hogar, pero presente en cualquier acto social que tiene como objeto acabar el desamparo que sufren otros hijos. También la peculiar amistad entre Celia Rae y Minny, cuyas semejanzas las ayudan a superar las diferencias que habrían de mantenerlas separadas como señora y criada, para apoyarse mutuamente en sus problemas y encontrar en la otra la persona que necesitaban para seguir luchando cuando el resto del mundo les ha dado la espalda.


Por otro lado, The help se reduce precisamente a la amistad, pero no la que existe entre Holly y Elizabeth, basada en la conveniencia, sino aquella capaz de ignorar los defectos de la otra persona, sabiendo potenciar lo mejor que exista en ella y permaneciendo a su lado siempre que nos necesita. Recordar lo que Aibileen siempre le decía a May Mobley: “Eres especial, eres inteligente, eres importante”.


The help describe la complejidad de las relaciones sociales dentro de una pequeña comunidad regida por las apariencias y las costumbres que persisten gracias al temor de sus habitantes hacia el cambio, necesario e inevitable. Kathryn Stockett acierta describiendo aquellas historias anónimas que lo hicieron posible y que, aunque no figuran en los libros de historia y sus nombres son desconocidos por la mayoría, consiguieron el mismo efecto que los boicot, las manifestaciones o los discursos públicos encabezados con la frase “I have a dream”. Una novela caracterizada por una prosa sencilla y de lectura ligera que, sin embargo, encierra un mensaje más complejo de lo que aparenta, pues no todo es blanco o negro.

VALORACIÓN: 6,5

LO MEJOR: El personaje de Minny y la peculiar amistad que establece con Celia Rae. La ambientación.

LO PEOR: El excesivo papel que desempeña Skeeter. Los personajes de Aibeelen y Minny pierden protagonismo conforme avanza el relato. Una lectura demasiado edulcorada.

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Sobre la autora: Kathryn Stockett nació y se crió en Jackson, Mississippi. Después de graduarse de la Universidad de Alabama con una licenciatura en Inglés y Escritura Creativa, se mudó a Nueva York donde trabajó como publicista y en diversas revistas durante nueve años. Actualmente vive en Atlanta con su familia.

Hizo su debut en 2009 con su libro The help, traducido como Criadas y señoras, que tardó 5 años en terminar y que fue rechazado por 60 agentes literarios hasta que Susan Ramer accedió a ser su representante. En 2011 fue llevada al cine dirigida por Tate Taylor, ganando numerosos premios, entre ellos el Oscar a la mejor actriz secundaria.

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