Crítica de La guerra de la doble muerte (Alejandro Castroguer)

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Sinopsis: Las crónicas reales de la Guerra Zombi en España.A mediados de diciembre de 2009, los primeros asesinatos de Hornachuelos saltan a los titulares de los periódicos y de los telediarios. Aunque en un principio el Gobierno lanza una cortina de humo en torno a la violencia de los ataques que rozan el canibalismo, la Crisis de la Doble Muerte estalla en toda Andalucía sin que nadie sepa responder con la suficiente rapidez. Febrero de 2010. La crisis económica mundial apenas puede disimular la gravedad de lo ocurrido en Andalucía en el plazo del último mes. Se barajan varias hipótesis como desencadenantes de la resurrección de la carne, pero lo cierto es que el Hambre ha cundido por las 8 provincias. La Guerra de la Doble Muerte es la historia de Judith, Salvador y Jonás, la lucha de estos tres resucitados que, habiendo perdido la práctica totalidad de sus recuerdos, se enfrentan a un mundo que no entienden y del que habrán de huir aunque desconozcan cómo y hacia dónde. Mientras tanto la propaganda desplegada por el ejército español habla de la Ciudad Negra como única posibilidad de salvación y de una supuesta cura de la enfermedad.
"Mi estómago es una rata negra, me castiga con unos bocados ásperos. La siento dentro, inquieta en la ratonera de la barriga. Tengo hambre."
Reseña:
La muerte es solo el principio…
… de una gran historia.
En 2009, el generó zombi o z estaba en pleno apogeo. Una avalancha de títulos asediaban las estanterías de las librerías y los ávidos lectores devoraban cada nueva historia buscando saciar su hambre literaria. Al contrario que otras tendencias narrativas, como los dragones, vampiros u hombres lobo, los zombis no parecían verse corrompidos por las pretensiones comerciales de sus correspondientes editoriales, sino todo lo contrario.
Manuel Loureiro inicio la pandemia con Apocalipsis Z, demostrando que la muerte no realiza distinciones y que cualquier escenario es válido para desencadenar la afrenta de la no-vida. El primer mordisco fue seguido de un largo etcétera de novelas y diversas antologías, entre las que destacan Los caminantes malagueños (Carlos Sisí), las lágrimas de Cuando Susana llora (J.J. Castillo), el testimonio de Diario de un zombi (Sergi Llauger) o la frialdad de Y pese a todo (Juan de Dios Garduño). La enfermedad era imparable, vencidas las últimas defensas reticentes de los lectores, nada podía hacerse salvo unirse a los infectados en esta vorágine de violencia, heridas lacerantes y bocas ávidas de vida.
En este contexto, resultaba difícil escoger la mejor arma para sobrevivir al apocalipsis sin resultar herido, como ocurre con Orgullo, prejuicio y zombies (Seth Grahame-Smith). Durante un tiempo, las decepciones fueron tan numerosas como las bajas de supervivientes en sus argumentos y las alegrías tan inexistentes como una posible cura a la enfermedad. Por este motivo no resulta extraño mi escepticismo cuando recibí La guerra de la doble muerte, es más, pasaron varias semanas antes de que me decidiese a empezarlo y, cuando lo hice, mis ojos lo recorrieron con gula. En mis manos tenía una historia que nadie se había atrevido a narrar antes, la de aquellos que siempre eran catalogados de los malos de la historia.
Si algo caracteriza la obra de Castroguer es su atracción por lo diferente, aquellos que puede provocar rechazo por no responder a los esquemas previamente establecidos, que solo consiguen constreñir una imaginación prolífica y tenebrosa. De este modo, el autor aporta su propia allí donde parecía existir sitio para las sombras.
El escenario escogido es una Andalucía post-apocalíptica. Una peregrinación hacia la supervivencia junto a sus personajes a través de diversos paisajes conocidos por su olvidado atractivo turístico, ahora convertidos en vestigios de la tragedia sucedida durante aquella navidad de 2009. Y entre los esqueletos de los edificios abandonados y los vehículos calcinados encontramos a sus nuevos habitantes, deambulando sin rumbo ni propósito, salvo alimentarse. Sin embargo, detrás de las miradas vacuas, la piel purulenta y las heridas abiertas que muestra el interior de los cuerpos, se esconde los recuerdos de una existencia pérdida, imposible de recuperar, pero capaz de proporcionarle una razón suficiente para seguir luchando. Es el caso de nuestro peculiar trío protagonistas, quienes, lejos de ser los héroes de esta historia, son todo lo contrario. Motivados por motivos puramente egoístas, dejándose guiar por el instinto en numerosas ocasiones y lamentando sus consecuencias después sin capacidad de reparar el daño infringido. Olvidaos de la camaderia, la filantropía y cualquier otra muestra de “humanidad”. Aquí impera una ley, la del más fuerte. Una huída de todos los peligros que acechan en este nuevo mundo y, al mismo tiempo, para escapar de los fantasmas que los atormentan entre las brumas de la memoria que, poco a poco, desaparecen para reabrir las heridas que nunca cicatrizarán.
Si bien la historia no presenta un ritmo narrativo constante, pues algunos capítulos poseen una calidad significativamente inferior a sus semejantes, amén de una prosa que algunos podrían catalogar de pretensiosa e innecesaria. A pesar de ambos, el conjunto de la novela está dotado de una inquietante belleza que resulta fascinante. Muchos han sido los artistas que han dedicado odas a la muerte, y Alejandro Castroguer es uno de ellos. De ahí la elección del lenguaje o la peculiar narración, que combina la 1º y 3º persona. Ambos recursos, tan abundantes en algunas corrientes artísticas que establecieron el camino a seguir por la literatura contemporánea y que parecían condenados a la extinción rente a las fórmulas del best-seller, son recuperadas por este autor, rindiendo un magnífico homenaje a aquel pasado cultura glorioso y beneficiando al lector.
Alejándose de una lectura lineal, posibilita una doble visión de los acontecimientos. Por un lado,  la capacidad de identificarse  con sus personajes-obviando el insignificante detalle de que se tratan de no-muertos-. Por otro, obtien una visión más objetiva y general, extrayendo  sus propias conclusiones. De igual modo, el empleo de cronología basada en continuos flas-backs y diferentes retazos de múltiples historias, aparentemente inconexos, hacen de éste un libro de lectura obligatoria que, puestos a buscarle su equivalente cinematográfico o televisivo podría ser Distrito 9 o la popular Lost, considerando la visualidad de su prosa.
En definitiva, La Guerra de la Doble Muerte despierta en lector un apetito desconocido que le impulsa a devorar cada hoja, regodeándose en las imágenes descritas, y sintiéndose al terminar, todavía insatisfecho, en espera de que una segunda parte para la que todavía tendremos que esperar un poco más sea capaz de saciar semejante gula hacia la no-vida.
Sobre el autor: ALEJANDRO CASTROGUER nació en Málaga (1971), muy lejos de la Luna, a donde le condujo, de inmediato, su anhelo por llegar a ser astronauta. Niño feliz y adolescente inquieto que estudió pintura y música, desde muy pequeño incubó el virus de la literatura, hasta el punto de que consumió parte de su juventud escribiendo siete novelas, inéditas y posteriormente destruidas debido a su autoexigencia. Nació al mundo editorial con el alumbramiento de La Guerra de la Doble Muerte (Almuzara, 2010). Ha perpetrado aberraciones en forma de relatos y ha coordinado la antología Vintage’62: Marilyn y otros monstruos. Ahora se ha empeñado las vísceras en El Manantial, redactado desde la rabia.
 Otro libros del mismo autor:


2 comentarios:

  1. Lo siento mucho, pero no me ha gustado nada de nada. Buen planteamiento pero el autor se pierde intentando aparentar una erudición extrema que no aporta absolutamente nada a la novela

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    1. Buenas noches,

      Cuando lees "La guerra de la doble muerte" es apreciable que la intención del autor era escribir una novela histórica ambientada en la Segunda Guerra Mundial con influencia de "El Golem" (Gustav Meyrink). De ahí la complejidad de la prosa que has percibido como una redundancia innecesaria. Si bien, coincido en tu impresión de que determinados recursos perjudican el ritmo de la historia, como la excesiva cantidad de subtramas.

      En breve volveré a leerla ante la reciente publicación de la secuela y, posiblemente, perciba detalles que no percibiese en una primera lectura. ;)

      Un cordial saludo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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