Crítica de Sputnik, mi amor (Haruki Murakami)

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Sinopsis: Perdidos en la inmensa metrópoli de Tokio, tres personas se buscan desesperadamente intentando romper el eterno viaje circular de la soledad; un viaje parecido al del satélite ruso Sputnik, donde la perra Laika giraba alrededor de la Tierra y dirigía su atónita mirada hacia el espacio infinito. El narrador, un joven profesor de primaria, está enamorado de Sumire, a quien conoció en la universidad. Pero Sumire tiene una única obsesión: ser novelista; además se considera la última rebelde, viste como un muchacho, fuma como un carretero y rechaza toda convención moral. Un buen día, Sumire conoce a Myû en una boda, una mujer casada de mediana edad tan hermosa como enigmática, y se enamora apasionadamente de ella. Myû contrata a Sumire como secretaria y juntas emprenden un viaje de negocios por Europa que tendrá un enigmático final. 

Crítica: Al igual que el satélite soviético Sputnik describía la órbita terrestre como una parábola de la soledad, los personajes de Haruki Murakami recorren la infinidad del espacio en círculo, realizando siempre el mismo viaje sin llegar a establecer nunca un contacto real con los demás, hasta que su señal desaparece en el eterno vacío. 

Si Sputnik significa en ruso «compañero de viaje», el escritor japonés se convierte en K, un profesor de escuela primaria, la voz narrativa de esta novela y guía durante nuestro peregrinaje por la soledad del ser humano a consecuencia de una sucesión de sentimientos no correspondidos entre los tres personajes principales: K, Sumire y Myû. 

No obstante, la auténtica protagonista es Sumire, una joven que anhela convertirse en novelista. Un personaje repleto de vitalidad, excentricidad e inocencia que nos recuerda notablemente a Midori («Tokio Blues»). Si bien, su obcecada determinación por la literatura se encuentra obstaculizada precisamente por su falta de experiencia a consecuencia del retraimiento voluntario en la ficción de los libros y en la rutina que le proporciona una vida espartana, tanto por su escasez material como de carencias afectivas. De hecho, Sumire le reconoce a K que jamás ha experimentado deseo sexual por nadie. Es más, su amistad con el profesor representa el único vínculo con la realidad. Por consiguiente, sus textos permanecen incompletos, porque la autora es todavía una persona incompleta ante su incapacidad para sentir, excepto mediante las emociones descritas por otros en sus libros. 

Es entonces cuando conoce a Myû, una mujer que plantea muchas cuestiones en la vida de Sumire y K, no solo por los enigmas que caracterizan su pasado, sino también por los cambios que conlleva en la vida de ambos, especialmente de la primera. 

 De nuevo, Haruki Murakami demuestra una notable sensibilidad a través de un relato sincero e íntimo para narrarnos la complejidad de las relaciones humanas y los sentimientos en conflictos que han caracterizado a su bibliografía como «Al sur de la frontera, al oeste del sol», «Tokio Blues» o «Los años de peregrinación del chico sin color», especialmente tras la aparición de una tercera persona que representa un punto de inflexión al perturbar la monotonía de sus vidas y obligándoles a replanteárselas por completo. En esta ocasión –y por primera vez-, el autor nos relata una relación homosexual con gran respeto y, sobre todo, una delicadeza excelsa en la descripción de las escenas. El escritor japonés extasía con detalles repletos de sensualidad –no sexualidad- que emocionan por la frágil belleza de esos breves instantes de complicidad entre ambas mujeres, convirtiendo su amor en un sentimiento absolutamente puro, aunque no comprendido ante la complejidad que implica semejante relación. 

Con todo, el escritor japonés también reflexiona sobre el conflicto inherente que implica la atracción física, el deseo sexual reprimido ante la falta de reciprocidad. Pese a que que los sentimientos son compartidos, difiera la forma de expresarlos y ser comprendidos por la otra persona. En ese instante se produce una dualidad en el personaje, una transgresión de la lógica hacia lo irreal u onírico, demostrando que la frontera entre ambas dimensiones tiende a difuminarse, se convierte en un elemento voluble –e incluso caprichoso- en base a nuestros sentimientos. Y precisamente es consecuencia de que el amor carece de cualquier racionamiento, es impredecible. 

A pesar de que el estilo tiende a corresponderse con novelas como «Al sur de la frontera, al oeste del sol» o «Tokio Blues», Haruki Murakami introduce de forma progresiva elementos surrealistas para simbolizar esa disyuntiva en la mente de sus personajes. De ahí la trascendencia en la conversación entre K y Sumire en el que explican la diferencia entre símbolo y signo que, aunque puede resultar anecdótica, acabamos descubriendo su influencia en la historia con la escena de la noria. Adviértase que la atracción describe un perpetuo círculo inalterable en su forma, pero alterando levemente el ritmo de su movimiento nos permite una visión diferente de la realidad. Es decir, el signo posee un significado limitado, pero conforme avanza la historia adquiera una dimensión abstracta que lo transforma en un símbolo. 

 Es posible que la mayoría de lectores no comprendan la nueva dimensión que adquiere la novela, especialmente cuando la literatura occidental tiende a ser lineal en lo que respecta a la interpretación del texto, carece de la simbología necesaria para establecer esa dualidad en el pensamiento crítico del destinatario. Las novelas de Haruki Murakami son trascendentes precisamente por la implicación del lector en su resolución, y más ante finales abiertos e incógnitas sin resolver que obligan a implicarse en el relato. Al fin y al cabo, Sputnik significa en ruso «compañero de viaje». 

Por consiguiente, «Sputnik, mi amor» es una novela dramática sobre la soledad y la complejidad de las relaciones entre personas a causa de los sentimientos no correspondidos, bien por la falta de reciprocidad o la incapacidad para interpretarlos correctamente. Nuevamente, Haruki Murakami demuestra su gran sensibilidad como autor para expresar la disyuntiva del pensamiento humano a través de una amplia simbología -quizás demasiado compleja para aquellos lectores poco acostumbrados a su estilo surrealista -, pero empleando durante la mayor parte del relato un tono similar al de sus novelas más conocidas - «Al sur de la frontera, al oeste del sol» o «Tokio Blues»- en el que destaca el magnífico retrato de sus tres personajes principales –especialmente Sumire- y la evolución de su compleja –y fallida- relación. Si bien, en palabras del propio K «las personas son unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y separan para siempre». 

LO MEJOR: La capacidad de Haruki Murakami para explicar con tanta sencillez y sensibilidad aspectos tan abstractos como la soledad, el pensamiento subconsciente o la falta de deseo sexual. El personaje de Sumire. El tono de la novela similar a otras como «Al sur de la frontera, al oeste del sol» o «Tokio Blues». La notable diferencia respecto al resto de su bibliografía como es la inclusión de una relación homosexual, descrita con gran delicadeza y respeto, sin ninguna morbosidad o centrándose exclusivamente en la sexualidad. 

LO PEOR: La simbología del autor puede desconcertar a la mayoría de los lectores, poco acostumbrados a su estilo surrealista y las diferencias culturales en la interpretación de esos símbolos. 

Sobre el autor: Haruki Murakami (Kioto,1949). Es un conocido escritor y traductor japonés. Murakami ha publicado varios best-sellers y colecciones de cuentos. En 1986, tras el enorme éxito de su novela Norwegian Wood, abandonó Japón para vivir en Europa y América, pero regresó a Japón en 1995 tras el terremoto de Kobe, donde pasó su infancia. La ficción de Murakami, que a menudo es tachada de literatura pop por las autoridades literarias japonesas, es humorística y surreal, y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en un modo que conmueve a lectores tanto orientales como occidentales.

4 comentarios:

  1. ¡Hola!
    No he leído nada de Murakami aunque tengo en casa Tokio Blues, pero, después de leerte, me gustaría ir directamente a esta novela. El personaje de Sumire me parece súper interesante, además de toda esa simbología de la que hablas. Tiene que ser una auténtica experiencia leerlo.
    ¡Un saludo!

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    1. Buenas noches Reich,

      Es un placer volver a leer un comentario tuyo después de este mes y medio de vacaciones. No obstante, te recomendaría empezar por "Tokio Blues" o "Al sur de la frontera, al oeste del sol", pues son sus dos novelas más realistas. El estilo de Murakami se caracteriza por su onirismo, muy apreciado entre sus seguidores, pero difícil de interpretar para aquellos poco acostumbrados a este género. Posteriormente, "Sputnik, mi amor" es una buena novela introductoria al mundo surrealista del escritor japonés que puedes complementar con "Kakfa en la orilla", "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" o "1Q84".

      Con sinceridad, espero que disfrutes descubriendo a este autor tanto como yo en su momento.

      Un abrazo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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  2. "Sputnik mi amor" es la cuarta novela de Murakami que leo (el primero por supuesto es Norwegian Wood), debo decir que una parte del libro me pareció muy surrealista... pero eso no quiere decir que sea malo, al contrario: Murakami te deja intrigado por el drama y el misterio que se desarrolla en sus historias.

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    1. Buenas tardes Pablo,

      La mayoría de lectores que empiezan a leer las novelas y relatos escritos por Murakami desconocen que es uno de los autores más representativos del surrealismo mágico, así que resulta comprensible el desconcierto inicial hacia el estilo del escritor japonés. De hecho, siempre recomiendo comenzar su bibliografía por "Tokio Blues", "Al sur de la frontera, al oeste del sol" o "Los años de peregrinación del chico sin color" y continuar con el resto de sus novelas, preferentemente "La caza del carnero salvaje" -que se ha publicado recientemente en nuestro país y representa una de las mejores obras de Murakami-, "After dark", "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", "Kafka en la orilla" -una de mis favoritas-, entre otros. Por otro lado, también merecen sus ensayos como "Underground" o "De qué hablo cuando hablo de correr". Espero que sigas disfrutando con la prosa de Murakami.

      Muchas gracias por tu comentario y recuerda que las puertas del Depósito estarán siempre abiertas para cualquier lector que quiera compartir su opinión.

      Un cordial saludo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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