Crítica de La hija del boticario (Charlotte Betts)

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Sinopsis: Londres, 1665. Susannah, hija de un boticario viudo, ha ayudado desde niña a su padre y se ha convertido en toda una experta en remedios naturales. El aroma resinoso de la lavanda, la esencia del romero, el regaliz y la trementina han impregnado siempre el ambiente que respiraba. Cuando su padre vuelve a casarse con una mujer mucho más joven que él, que además tiene tres hijos, su universo se derrumba. 

En plena epidemia de la peste bubónica, la propuesta de matrimonio de un encantador amigo de la familia, Henry Savage, parece la mejor solución para huir de su situación. Pero a medida que la epidemia avanza por toda la ciudad, su marido resulta ser alguien distinto de lo que ella esperaba. 

Susannah necesitará todo su coraje y su pasión para salvarse de la tragedia, personal y colectiva, y deberá luchar por encontrar su sitio en un mundo demasiado complejo. 

Crítica: El silencio de las estrechas calles londinenses solo es profanado por los sonidos que preceden a la muerte. El lento arrastrar de una carreta agonizante ante la pesada carga que transporta rumbo hacia el olvido y la vergüenza provocados por la enfermedad; el zumbido de las moscas que se deleitan insaciables con los miembros putrefactos y las pústulas abiertas; el llanto inconsolable de los familiares siguiendo a este macabro séquito… La Peste negra ha convertido la capital en un inmenso cementerio en vida, incluso el propio Carlos II de Inglaterra abandona la ciudad junto al resto de su familia y la corte real ante la imposibilidad de detener el imparable avance de la enfermedad, favorecida por hacinamiento y las condiciones insolubles. Los fuegos arden día y noche, en un intento de las autoridades por contenerla, dando la sensación de que el infierno había abierto sus puertas en aquel lugar. 

En este desesperanzador contexto se desarrolla «La hija del boticario», la primera novela de Charlotte Betts. Una historia ambientada en el Londres siglo XVII durante el virulento brote de la peste bubónica previo al Gran Incendio que simbolizó el final de la epidemia. La autora desarrolla la historia durante estos meses para simbolizar el inicio de una nueva etapa, no solo de la ciudad, también de sus habitantes –la posterior reconstrucción mejoró notablemente las condiciones de vida gracias al plan urbanístico de Christopher Wren- incluyendo a la protagonista de la novela, Sussanah. 

Es más, la elección de la profesión ejercida por el personaje principal no es casualidad, sino un particular tributo de Charlotte Betts a todos aquellos que decidieron quedarse en la ciudad para luchar contra la enfermedad, poniendo en riesgo su propia vida y la de sus familiares, desde experimentados médicos hasta sencillos barberos. Si bien, en la mayoría de las ocasiones sus esfuerzos resultasen infructuosos y sus remedios ineficaces. 

El escenario de la novela acaba siendo el elemento más atractivo de una historia demasiado predecible en lo que respecta al desarrollo de la historia y la relación entre los personajes. Al contrario que «La joven de la perla» (Tracy Chevalier) o, más recientemente, «La casa de las miniaturas» (Jessie Burton), en las que sus autoras demostraban una gran madurez en su prosa, consiguiendo una perfecta interrelación entre los personajes ficticios y el contexto histórico real, Betts opta por el simple entretenimiento del lector. Es cierto que novelas como «El médico» (Noah Gordon) consigue este propósito, pero «La hija del boticario» acaba resultando demasiado lineal, privando de toda sorpresa a la trama principal pese a los constantes giros narrativos, muy anticipables al incurrir en los estereotipos del género romántico clásico. 

Sussanah es, en realidad, una nueva versión de «Cenicienta». Una joven de espíritu bondadoso –aunque, en ocasiones, caprichoso e inmaduro- que observa tambalearse su cómoda vida cuando su padre contrae segunda nupcias con una mujer más joven, viuda y con tres hijos del matrimonio anterior. El espíritu indolente de la joven hace que se rebele ante las coacciones de su madrastra sin que su padre intervenga para detener esos abusos. Por esta razón, Sussanah decide aceptar la proposición de Henry Savage, un visionario comerciante recién llegado desde las exóticas plantaciones del Caribe, para escapar de un hogar en el que ya no es bienvenida ni reconoce como propio. 

Adviértase los símiles con el cuento de Perrault -porque los hermanos Grimm introducían al relato elementos más góticos y violentos- en el que una joven desvalida, al capricho de su madrastra y ante la benevolencia de su progenitor sufre constantes abusos psicológicos y físicos hasta degradarla a mera sirvienta, pero tras varios desengaños acaba conociendo al príncipe que le devuelve la dignidad perdida, siendo recompensada por su sacrificio y su bondad. Realmente, las únicas diferencias radican en que Sussanah posee una actitud más pasivo-agresiva que la protagonista del cuento original y la introducción de un ménage à trois que ralentiza de forma innecesaria el ritmo de la novela. 

De hecho, cabe resaltar la resolución de los conflictos entre personajes, rápida, superficial y, por ende, poco creíble después del planteamiento desarrollado con anterioridad. Además de ciertas licencias históricas como la cordial relación entre protestantes y católicos. 

Por consiguiente, aunque «La hija del boticario» recrea fielmente el contexto histórico de la novela, sabiendo transmitir al lector la superstición, el miedo y la desesperanza de un Londres sumido en la enfermedad; la previsibilidad –e ingenuidad- de la historia de Sussanah, quien pudiera haber aportado al relato una mayor profundidad consiguiendo el perfecto equilibrio entre realidad y ficción como «La joven de la perla» (Tracy Chevalier), acaba convirtiéndose en una novela romántica con un desarrollo lineal, sin sorpresas para el lector acostumbrado a este tipo de historias y de ritmo desigual en función de las necesidades de su autora. Y es que no todos los remedios naturales tienen el efecto deseado. 

LO MEJOR: El contexto de la novela. El tributo de Charlotte Betts a todos los héroes anónimos que se sacrificaron durante la epidemia. 

LO PEOR: Sussanah es, en realidad, una nueva versión de Cenicienta, convirtiendo la historia en una relato previsible, lineal y sin sorpresas para un lector acostumbrado a la novela romántica. 

Sobre la autora: Charlotte Betts descubrió su pasión por la escritura después de toda una vida dedicada al diseño de moda y el interiorismo. La hija del boticario es su primera novela y tuvo muy buena acogida en su país. Ha escrito tres más y actualmente está trabajando en una secuela de su primer libro, The Scent of Orange.

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