Crítica de Mr. Selfridge (Lindy Woodhead )

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Sinopsis: En 1909 abrieron sus puertas en Oxford Street, en medio de una colosal campaña publicitaria, los grandes almacenes Selfridge’s, los primeros de Londres. Detrás de tan elegante fachada estaba Harry Gordon Selfridge, el gran genio estadounidense. Empresario inconformista y arriesgado, dandi y el mayor showman que ha conocido el mundo del comercia, la clave de su éxito fue despertar la seducción por las compras. Y así como crecieron su éxito y su fama, también lo hizo su estilo de vida: mansiones, yates, juegos de azar, caballos de carreras… y amantes. Desde el glamour de la Inglaterra eduardiana y los excesos embriagadores de los años veinte hasta hoy en día, los grandes almacenes Selfridges han sido un gran teatro que levanta el telón todas las mañanas a las nueve en punto. 

Crítica: En apenas una semana han fallecido dos de los principales hombres de negocios españoles, Emilio Botín, presidente del Banco Santander; e Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Ingles. Al contrario que el banquero de Cantabria, quien se caracterizaba por una estrecha relación con los medios de comunicación; Isidoro Álvarez siempre fue un gran desconocido por su carácter discreto. Durante los veinticinco años que estuvo presidiendo los grandes almacenes, rechazó cualquier protagonismo, pese a ser el principal responsable de convertir el negocio de su tío en un referente de la distribución comercial española. La expansión y diversificación de la marca, la creación de la tarjeta de El Corte Ingles- la primera tarjeta de crédito que permitía a los consumidores españoles el pago a plazos de sus compras- o la política de devolución –“Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero”- transformaron por completo nuestra forma de comprar. Y aunque Isidoro Álvarez era un visionario, la mayoría de los cambios no resultaban novedosos en otros países como Francia, Estados Unidos o Gran Bretaña, debido a un solo hombre, Harry Gordon Selfridge. 

«Harry Gordon Selfridge colocó el departamento de perfumería y cosmética justo a la entrada del establecimiento, un movimiento que cambió para siempre la disposición del espacio de venta. Selfridge transformó el escaparatismo en una forma de arte, fue pionero en cuanto a las ofertas y desfiles de moda (…) Por encima de todo, fue capaz de divertir a sus clientes. En una época en la que no había radio ni televisión, cuando el cine se hallaba en pañales, Selfridge’s, en Oxford Street, ofrecía a sus clientes una forma de entretenimiento tan fascinante como la de cualquier museo de ciencias, con tanto o más glamour que cualquier teatro de variedades. Al brindar a sus clientes un “único día de rebajas”, Harry Selfridge podía jactarse de que, tras la abadía de Wesminster y la Torre de Londres, su tienda era “la tercera atracción turística más importante de la ciudad”. La gente podía comprar buena parte de lo que necesitaba en Selfridge’, así como muchas cosas que ni siquiera era consciente de necesitar hasta que se dejaba seducir por sus atractivos expositores». 

 La novela biográfica de Lindy Woodhead nos permite conocer no solo la vida, tanto profesional como personal, de este pionero de los grandes almacenes y las compras; también el contexto histórico, político, económico y, sobre todo, social de finales del siglo finales XIX hasta mediados del XX. Un período caracterizado por importantes cambios en todos los ámbitos que tendían a reflejarse en el consumo a través de detalles como la forma de vestir de las mujeres o el estilo de música predilecto entre los jóvenes. 

 A pesar de que alude los múltiples affaires y otros escándalos asociado a la polémica figura de Harry Gordon Selfridge, la autora rechaza cualquier sensacionalismo para centrarse en la auténtica revolución que supusieron la apertura de Selfridge’s en Gran Bretaña. Estos grandes almacenes se convirtieron en un icono para todos los londinenses, cambiando por completo el panorama de la ciudad en todos los niveles. 

«Mr. Selfridge» reconstruye con gran precisión el contexto de aquella época gracias al exhaustivo proceso de documentación previo realizado por Lindy Woodhead, permitiéndonos conocer en primera persona todos los detalles de aquella época, repleta de anécdotas hasta ahora desconocidas por la mayoría. Una novela tan fascinante como la figura en la que se inspira, tan atractiva como los escaparates de Selfridge’s y tan irresistible como los precios de su «sótano de las oportunidades». 

Es cierto que en determinados capítulos, la autora tiende a excederse en los pormenores del contexto -como la reiterativa mención de las familias nobles inglesas y su extenso patrimonio-; pero Harry Gordon Selfridge es siempre el protagonista por excelencia, aunque no se le mencioné directamente durante sucesivas hojas. 

 De hecho, la novela «Mr. Selfridge» podría considerarse el homenaje póstumo literario por excelencia al hombre que convirtió irse de compras –o el shopping- en toda una experiencia que, en cierta forma, nos recuerda a «El Gran Gatsby» (F. Scott Fitzgerald) por su increíble éxito empresarial, su lujoso estilo de vida y, finalmente, su trágico declive. 

LO MEJOR: La exhaustividad el recrear no solo la biografía, tanto profesional como personal, de Harry Gordon Selfridge, sino también del contexto. La posibilidad de conocer gran multitud de anécdotas -hasta ahora desconocidas- de aquella época. Lindy Woodhead huye de los sensacionalismos relacionados con el protagonista para centrarse en su faceta como hombre de negocios y su influencia para transformar la forma de comprar. 

LO PEOR: En algunos capítulos, la autora tiende a excederse en los pormenores del contexto. La novela está orientada exclusivamente para personas interesadas en temáticas tan concretas como la publicidad, la moda o la historia. El desconocimiento general sobre la figura de Harry Gordon Selfridge hasta la serie de televisión. 

Sobre el autor: Lindy Woodhead trabajó como periodista, relaciones públicas de un estudio cinematográfico y publicista de moda 8esto último para Browns, en South Motion Street) antes de fundar en 1974 su propia agencia, mediante la cual ha representado a dinseñadores de moda internacionales y marcas de escala mundial, incluidas Karl Lagerfeld, Yves Saint Laurent, Louios Vuitton, Garrard & Co. Y Ferragamo. A finales de la década de 1980, Lindy también fue la primera mujer en pasar a formar parte del consejo de administración de Harvey Nichols. En 2000, a los cincuenta años, Lindy se retiró para desarrollar su carrera como escritora. Su primer libro, War Paint, se publicó en 2003 y ha sido objeto de un documental televisivo de alcance internacional. Lindy está casada y tiene dos hijos. Vive a caballo entre el suroeste de Londres y el suroeste de Francia.

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