Crítica de La delicadeza (David Foenkinos)

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Sinopsis: Nathalie es una mujer afortunada. Felizmente casada con François, pasa los días rodeada de risas y libros. Un día la pena llama a su puerta: François muere inesperadamente. Nathalie languidece entonces entre las paredes de su casa y se vuelca en la oficina. Pero justo cuando ha dejado de creer en la magia de la vida, ésta vuelve a sorprenderla y revelarse en su forma más maravillosa. 

Crítica: «Delicadeza: 1. Finura. 2. Atención y exquisito miramiento con las personas o las cosas, en las obras en las palabras. 3. Ternura o suavidad. 4. Escrupulosidad» (Diccionario de la Real Academia Española) 

La vida es frágil, Nathalie lo sabe mejor que nadie. Aquella tarde de domingo, cuando la infusión todavía no había tenido tiempo de enfriarse y el tacto del último beso de su marido permanecía cálido en su mejilla, el silencio necesario para disfrutar de una buena novela quedó interrumpido por el impaciente teléfono. Al descolgarlo, supo que su vida se terminaba junto a la de François. Y conforme escuchaba las palabras que nadie querría oír nunca, tan importantes que resultan un insulto cuando son pronunciadas por un desconocido, sentía como algo se rompía en su interior, algo tan delicado que jamás podría volver a juntar todos los trozos y recuperarlo. O eso creía, hasta que un día cualquiera en la oficina, besó apasionadamente a Markus… 

«La delicadeza» es una hermosa novela breve en la que su autor reflexiona sobre la fragilidad de la vida, compuesta por una sucesión de instantes efímeros, únicos que le conceden un valor incalculable precisamente por la fugacidad de ese preciso instante que estamos viviendo antes de convertirse en un recuerdo, en algo pasado, algo perdido ante nuestra incapacidad para volverlo nuevamente presente. Por esta razón, tenemos la obligación de aprender a disfrutarla, siendo espontáneos, arriesgándonos pese a la posibilidad de que vuelvan a hacernos daños. Y es que -tal y como nos demuestra David Foenkinos en esta magnífica historia sobre segundas oportunidades- envolverse entre algodones por temor a rompernos, conscientes de nuestra propia delicadeza, no es la solución. 

El escritor francés obsequia al lector con un libro de afable belleza narrada con una prosa detallista, un ingenioso humor e inteligentes diálogos que consiguen hacer reír y llorar al lector por igual. Un libro de emociones concebido para deleitarnos en cada párrafo, cada línea, cada palabra a través de escenas repletas de significado. Por ejemplo, la constante alusión a detalles referentes a la vida cotidiana de sus personajes -los resultados de la jornada de fútbol cuando Charles invitó a Nathalie y acabo rechazándolo; el inventor de la moqueta; el código de acceso al edificio de Markus; la alergia de Charles al pescado o el expediente 114- no son resultado del azar. La finalidad de David Foenkinos es demostrarnos la verdadera importancia de estos pormenores tienen y que, con frecuencia, ignoramos debido a nuestro acelerado estilo de vida. Precisamente, «La delicadeza» nos ofrece una necesaria pausa, permitiéndonos recrearnos en la perfección de lo ordinario, pero sin llegar a incurrir en un excesivo lirismo. 

Y no exclusivamente en los detalles apreciamos la simbología de «La delicadeza», también en todo el conjunto de las escenas. Cuando Nathalie y Chloé se encuentran juntas en un bar tomando algo después del trabajo, David Foenkinos describe la primera parte como una obra de teatro. A pesar de que este cambio en la narración pueda desconcertar al lector, debemos recordar que la protagonista se ha aislado de su entorno. Es decir, se comporta siempre como una espectadora que asiste a una representación por la que no siente interés alguno y, sobre todo, en la que no desea implicarse. Por esta razón, cuando besa por primera vez a Markus, aquel gesto espontáneo es la expresión corporal de una carencia emotiva, de un deseo reprimido demasiado tiempo, la necesidad de volver a vivir, de ser amado y, sobre todo, de amar. 

Además, David Foenkinos nos presenta un reducido grupo de personajes sobre el que destaca la pareja protagonista de esta novela, Nathalie y Markus. La primera es una mujer moderna que rompe los arquetipos predominantes entre los personajes femeninos actuales, destacable por ese equilibrio entre feminidad, profesionalidad y sensibilidad tan difícil de encontrar en la literatura moderna por la cuestionable tendencia a subyugar la personalidad siempre a la obsesión por las compras, el deseo de contraer matrimonio o el instinto maternal no satisfecho –aunque no por ese orden-. En el caso de Markus, nos encontramos ante el clásico hombre que todas las mujeres les encantarían tener como «su mejor amigo», pero jamás como pareja. Una persona sensible, tímida e inocente de aspecto anodino que no corresponde en absoluta con las clásicas figuras masculinas del género romántico, pero que poco a poco consigue conquistarnos con su personalidad sincera o su involuntario humor sarcástico. 

Si bien los personajes de Charles y Chloé resultan estereotípicos, resumiéndose en el jefe acosador y la secretaria chismosa respectivamente, el binomio Nathalie y Markus consiguen evitar que la novela incurra en demasiados tópicos aportando el realismo necesario para convertirla en una historia diferente, única y maravillosa en todos los aspectos. 

En definitiva, «La delicadeza» es una novela dotada de una ternura atípica dentro del género gracias a la escrupulosidad de su autor, quien dedicada una atención y exquisito miramiento con los personajes y los detalles, así como los diálogos para ofrecernos una historia de excepcional finura. Al fin y al cabo, esa es la definición de delicadeza. 

LO MEJOR: La reflexión del autor, quien nos ofrece una necesaria pausa en nuestras ajetreadas vidas para apreciar los pequeños detalles que hacen especial a la vida. El sutil humor de sus diálogos. El binomio Nathalie y Markus. 

LO PEOR: Los personajes de Charles y Chloé son estereotípicos. 

Sobre el autor: David Foenkinos nació en París en 1974. Estudió letras en la Sorbona y se formó como músico de jazz. Es autor de diversas novelas, entre las que destacan El potencial erótico de mi mujer (2004), Premio Roger-Nimier en 2004; En caso de felicidad (2007); Nos séparations (2008) y La delicadeza (2010; Seix Barral, 2011), que ha supuesto su consagración internacional: galardonada con diez premios (entre los que destacan el Premio de los Lectores de Télégramme, el Premio An Avel o el Premio 7ème Art) y única novela finalista de todos los grandes premios literarios franceses (Goncourt, Renaudot, Médicis, Fémina, Interallié…), ha sido publicada en más de treinta países y ha sido llevada a la gran pantalla por el propio autor y su hermano, Stéphane Foenkinos, con la interpretación de Audrey Tautou y François Damiens.

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