Sinopsis: Nathalie es una mujer afortunada. Felizmente casada con François, pasa los días rodeada de risas y libros. Un día la pena llama a su puerta: François muere inesperadamente. Nathalie languidece entonces entre las paredes de su casa y se vuelca en la oficina. Pero justo cuando ha dejado de creer en la magia de la vida, ésta vuelve a sorprenderla y revelarse en su forma más maravillosa. 

Crítica: «Delicadeza: 1. Finura. 2. Atención y exquisito miramiento con las personas o las cosas, en las obras en las palabras. 3. Ternura o suavidad. 4. Escrupulosidad» (Diccionario de la Real Academia Española) 

La vida es frágil, Nathalie lo sabe mejor que nadie. Aquella tarde de domingo, cuando la infusión todavía no había tenido tiempo de enfriarse y el tacto del último beso de su marido permanecía cálido en su mejilla, el silencio necesario para disfrutar de una buena novela quedó interrumpido por el impaciente teléfono. Al descolgarlo, supo que su vida se terminaba junto a la de François. Y conforme escuchaba las palabras que nadie querría oír nunca, tan importantes que resultan un insulto cuando son pronunciadas por un desconocido, sentía como algo se rompía en su interior, algo tan delicado que jamás podría volver a juntar todos los trozos y recuperarlo. O eso creía, hasta que un día cualquiera en la oficina, besó apasionadamente a Markus… 

«La delicadeza» es una hermosa novela breve en la que su autor reflexiona sobre la fragilidad de la vida, compuesta por una sucesión de instantes efímeros, únicos que le conceden un valor incalculable precisamente por la fugacidad de ese preciso instante que estamos viviendo antes de convertirse en un recuerdo, en algo pasado, algo perdido ante nuestra incapacidad para volverlo nuevamente presente. Por esta razón, tenemos la obligación de aprender a disfrutarla, siendo espontáneos, arriesgándonos pese a la posibilidad de que vuelvan a hacernos daños. Y es que -tal y como nos demuestra David Foenkinos en esta magnífica historia sobre segundas oportunidades- envolverse entre algodones por temor a rompernos, conscientes de nuestra propia delicadeza, no es la solución. 

El escritor francés obsequia al lector con un libro de afable belleza narrada con una prosa detallista, un ingenioso humor e inteligentes diálogos que consiguen hacer reír y llorar al lector por igual. Un libro de emociones concebido para deleitarnos en cada párrafo, cada línea, cada palabra a través de escenas repletas de significado. Por ejemplo, la constante alusión a detalles referentes a la vida cotidiana de sus personajes -los resultados de la jornada de fútbol cuando Charles invitó a Nathalie y acabo rechazándolo; el inventor de la moqueta; el código de acceso al edificio de Markus; la alergia de Charles al pescado o el expediente 114- no son resultado del azar. La finalidad de David Foenkinos es demostrarnos la verdadera importancia de estos pormenores tienen y que, con frecuencia, ignoramos debido a nuestro acelerado estilo de vida. Precisamente, «La delicadeza» nos ofrece una necesaria pausa, permitiéndonos recrearnos en la perfección de lo ordinario, pero sin llegar a incurrir en un excesivo lirismo. 

Y no exclusivamente en los detalles apreciamos la simbología de «La delicadeza», también en todo el conjunto de las escenas. Cuando Nathalie y Chloé se encuentran juntas en un bar tomando algo después del trabajo, David Foenkinos describe la primera parte como una obra de teatro. A pesar de que este cambio en la narración pueda desconcertar al lector, debemos recordar que la protagonista se ha aislado de su entorno. Es decir, se comporta siempre como una espectadora que asiste a una representación por la que no siente interés alguno y, sobre todo, en la que no desea implicarse. Por esta razón, cuando besa por primera vez a Markus, aquel gesto espontáneo es la expresión corporal de una carencia emotiva, de un deseo reprimido demasiado tiempo, la necesidad de volver a vivir, de ser amado y, sobre todo, de amar. 

Además, David Foenkinos nos presenta un reducido grupo de personajes sobre el que destaca la pareja protagonista de esta novela, Nathalie y Markus. La primera es una mujer moderna que rompe los arquetipos predominantes entre los personajes femeninos actuales, destacable por ese equilibrio entre feminidad, profesionalidad y sensibilidad tan difícil de encontrar en la literatura moderna por la cuestionable tendencia a subyugar la personalidad siempre a la obsesión por las compras, el deseo de contraer matrimonio o el instinto maternal no satisfecho –aunque no por ese orden-. En el caso de Markus, nos encontramos ante el clásico hombre que todas las mujeres les encantarían tener como «su mejor amigo», pero jamás como pareja. Una persona sensible, tímida e inocente de aspecto anodino que no corresponde en absoluta con las clásicas figuras masculinas del género romántico, pero que poco a poco consigue conquistarnos con su personalidad sincera o su involuntario humor sarcástico. 

Si bien los personajes de Charles y Chloé resultan estereotípicos, resumiéndose en el jefe acosador y la secretaria chismosa respectivamente, el binomio Nathalie y Markus consiguen evitar que la novela incurra en demasiados tópicos aportando el realismo necesario para convertirla en una historia diferente, única y maravillosa en todos los aspectos. 

En definitiva, «La delicadeza» es una novela dotada de una ternura atípica dentro del género gracias a la escrupulosidad de su autor, quien dedicada una atención y exquisito miramiento con los personajes y los detalles, así como los diálogos para ofrecernos una historia de excepcional finura. Al fin y al cabo, esa es la definición de delicadeza. 

LO MEJOR: La reflexión del autor, quien nos ofrece una necesaria pausa en nuestras ajetreadas vidas para apreciar los pequeños detalles que hacen especial a la vida. El sutil humor de sus diálogos. El binomio Nathalie y Markus. 

LO PEOR: Los personajes de Charles y Chloé son estereotípicos. 

Sobre el autor: David Foenkinos nació en París en 1974. Estudió letras en la Sorbona y se formó como músico de jazz. Es autor de diversas novelas, entre las que destacan El potencial erótico de mi mujer (2004), Premio Roger-Nimier en 2004; En caso de felicidad (2007); Nos séparations (2008) y La delicadeza (2010; Seix Barral, 2011), que ha supuesto su consagración internacional: galardonada con diez premios (entre los que destacan el Premio de los Lectores de Télégramme, el Premio An Avel o el Premio 7ème Art) y única novela finalista de todos los grandes premios literarios franceses (Goncourt, Renaudot, Médicis, Fémina, Interallié…), ha sido publicada en más de treinta países y ha sido llevada a la gran pantalla por el propio autor y su hermano, Stéphane Foenkinos, con la interpretación de Audrey Tautou y François Damiens.
Sinopsis: Las fábulas ideadas por Herbet George Wells  (1866-1946), uno de los padres, acaso el más notable, de la ciencia ficción, han demostrado a lo largo del tiempo mantener un vigor y tocar unos resortes del inconsciente humano que a menudo las han elevado a iconos del mundo moderno. La guerra de los mundos (1898), relato trepidante que narra la invasión de la Tierra por los marcianos y que supuso por primera vez la irrupción de seres de otros planetas en el nuestro, marcó en buena medida la fantasía del siglo xx y abrió un filón -el del contacto de los hombres con seres extraterrestres- que no tardó en convertirse en uno de los más importantes de la ciencia ficción, sirviendo de inspiración a numerosos artistas posteriores en los ámbitos de la radio, el cine, la literatura, el cómic y la televisión

Crítica: «Sabemos ahora, que en los primeros años del siglo XX, nuestro planeta estaba siendo observado muy atentamente por inteligencias superiores a las del hombre, aunque también tan mortales como las nuestras. Sabemos ahora que mientras los hombres se dedicaban afanosamente a sus múltiples ocupaciones y negocios, estaban siendo examinados y estudiados, tan minuciosamente, como el hombre mismo hace con un microscopio cuando examina los microbios que se concentran y multiplican dentro de una gota de agua. La gente se movía alegremente de un lado a otro por toda la faz de la Tierra, dedicada a sus particulares quehaceres. Individuos plenamente convencidos de su dominio sobre este pequeño planeta del sistema solar, que, por casualidad, o mejor dicho, por designio Divino, el hombre ha heredado, escapando así, de la misteriosa oscuridad del tiempo y del espacio. Sin embargo, a través del inmenso universo, mentes que son a nuestras mentes como las nuestras lo son a las de las bestias de la jungla, inteligentes, poderosas, frías y carentes de sentimientos, contemplaban con envidia nuestro planeta Tierra. Seres que lentamente, pero con mucha seguridad, preparaban un plan contra nosotros. Fue en el año 39 del siglo XX cuando llegó la gran desilusión. A finales del mes de octubre, sucedió lo inesperado.» 

Orson Welles concluía la lectura del primer párrafo de «La guerra de los mundos» escrita por H. G. Wells en 1898, mientras  el locutor de la CBS anunciaba las previsiones meteorológicas antes de que los doce millones de oyentes pudieran disfrutar en directo de la orquesta de Ramón Raquello desde el Hotel Meridian Plaza, en Nueva York. Aquella víspera de Halloween, los estadounidenses disfrutaban en sus hogares de la música, cuando la retransmisión se interrumpió bruscamente para informar sobre unas extrañas perturbaciones en la atmósfera de Marte. A pesar de que al inicio del programa se advirtió a lo radioyentes que aquello se trataba de la adaptación de la novela, el pánico se extendió entre la población, creyendo que realmente estaban siendo testigos de una invasión extraterrestre. La gente huyó de forma masiva colapsando las carreteras; los teléfonos de emergencia se sobresaturaron de llamadas de personas que afirmaban haber visto las naves espaciales y sus ocupantes alienígenas; las comisarias eran incapaces de atender a todas las aterrorizadas personas que acudían a sus instalaciones, algunas dispuestas a alistarse para luchar en la inminente guerra de los mundos… Posteriormente, Orson Welles tendría que disculparse públicamente, pero su adaptación radiofónica de «La guerra de los mundos» contribuyó a popularizar la novela de Wells, prácticamente desconocida entre los lectores estadounidenses, quienes, a partir de esa noche, mirarían con desconfianza hacia el cielo estrellado y, en especial, el planeta rojo. 

Al igual que en otras novelas suyas de ciencia ficción, H. G. Wells demostró el carácter visionario de su obra narrando la primera invasión alienígena de la Tierra en la literatura. «La guerra de los mundos» estableció un precedente en el género, apreciándose todavía su influencia no solo en libros, sino también en películas o videojuegos. 

Una novela atemporal, capaz de seguir estremeciendo al lector actual con una pormenorizada descripción de los acontecimientos a través de la narración en primera persona de un superviviente anónimo, un testigo involuntario de la invasión desde sus fases iniciales - cuando los extraterrestres planificaban la invasión en su planeta de origen -hasta la inesperada resolución del conflicto. Un relato dotado de un gran realismo por la elección de emplear un falso diario a fin de reconstruir los terribles sucesos de aquellas semanas, así como la elección de un núcleo de población alejado de las grandes metrópolis urbanas para dotarlo de mayor cercanía. 

H. G. Wells empleaba el recurso de la desinformación para incrementar el efecto devastador de sus palabras. La confusión inicial cuando aterrizaban los cilindros, los extraños sonidos provenientes de su interior, el devastador efecto del rayo calórico, el alzamiento de los trípodes… El autor acrecienta la tensión psicológica del relato introduciendo progresivas revelaciones acerca de los extraterrestres, de forma paralela al relato de supervivencia del protagonista. 

Si bien existen personas que consideran «La guerra de los mundos» una novela con un mensaje crítico contra el imperialismo colonial europeo por referencias como la extinción del dodo, la mayoría de las escenas recuerdan más a los grandes conflictos bélicos. De hecho, el éxodo masivo de Londres tiene grandes paralelismos con los bombardeos de la capital inglesa durante la Segunda Guerra Mundial, aunque éste todavía no se hubiese producido –y aun tuviera que transcurrir casi un siglo antes de que las naciones se alzaran contra el nacionalsocialismo alemán-. 

A pesar de ello, H. G. Wells demuestra una sutil ironía para evidenciar la “superioridad” de nuestra especie. La mordacidad del final es el principal ejemplo, aunque podemos apreciarlo en otros detalles como la rápida degradación de la civilización. Adviértase durante su peregrinaje, el protagonista acaba conviviendo con dos personajes que ilustran a la perfección el cinismo del autor hacia el ser humano. Por un lado, el cura que debería transmitir un mensaje de esperanza, demostrando su fe inquebrantable ante la adversidad y, no obstante, es uno de los primeros en sucumbir a la locura, débil de espíritu, avaricioso… Por otro, el artillero, aquellos que deberían protegernos demuestran ser los menos indicados para desarrollar esta labor cuando adquieren poder -aunque sea limitado- dejándose arrastrar por quimeras de una futura civilización donde ostentarían los máximos rangos de autoridad y prestigio, llegando incluso a decidir quién merece vivir en esa utopía inalcanzable.

Y aunque los diálogos son escasos, incorporan un análisis antropológico de gran interés que transmiten ese pesimismo. H. G. Wells consigue deshumanizar a nuestra especie mientras se incrementa nuestra admiración por los extraterrestres conforme nos describen sus avances biológicos y mecánicos. Es más, concluida la novela cabe preguntarse si realmente nos merecemos nuestro planeta, pues no hemos sido nosotros quienes lo hemos salvado de esta amenaza, sino otra especie apenas evolucionada desde el surgimiento de la vida. E incluso es posible que nosotros seamos otra especie invasora tan cruel, violenta y avariciosa, pero con la diferencia de que hemos dispuesto de más tiempo para adaptarnos al medio y sobrevivir. 

En definitiva, «La guerra de los mundos» es una clásico de la ciencia ficción imprescindible para cualquier apasionado del género que vuelve a demostrar el visionario carácter de su autor. H. G. Wells nos ofrece un relato de gran tensión psicológica en el que, además, reflexiona acerca de la “superioridad” de nuestra especie, tanto biológica como moral. Si bien la narración resulta irregular en algunos capítulos, el escritor inglés consiguió ya a finales del siglo XIX muchos se hicieran la misma pregunta mientras observaban el cielo nocturno. ¿Y si no estuviéramos solos en el universo? 

LO MEJOR: La primera novela de ciencia ficción que describía una invasión alienígena, estableciendo un precedente todavía apreciable en la literatura y el cine. La ironía del autor para evidenciar la “superioridad” de nuestra especie. H. G. Wells demuestra una gran habilidad para incrementar de forma progresiva la tensión psicológica del relato introduciendo progresivas revelaciones acerca de los extraterrestres. La elección del escenario que, al alejarse de los grandes núcleos urbanos con los que asociamos las invasiones alienígenas, dota a la historia de mayor cercanía y realismo. 

LO PEOR: La narración desigual en algunos capítulos. 

Sobre el autor: H. G. Wells nació en Bromley, Kent, como el tercer hijo varón de Joseph Wells y su esposa Sarah Neal. La familia, de la empobrecida clase media-baja de la época, lo llamaba Bertie. Tenían una tienda nada próspera comprada gracias a una herencia, en la que vendían productos deportivos y loza fina. Un accidente infantil por el que se rompió la tibia y su larga convalecencia lo obligaron a permanecer durante meses en reposo. Con ocho años de edad, esta impuesta quietud propició el descubrimiento de la lectura y en particular, guiado por su padre, de autores como C. Dickens o W. Irving. 

Cuando su padre sufrió un accidente que le impidió ganarse la vida como lo había hecho hasta entonces, Herbert y sus hermanos comenzaran a emplearse en diversos oficios. Fue así como, entre 1881 y 1883, llegó a ser aprendiz de una tienda de textiles llamada Southsea Drapery Emporium: Hyde's, experiencia que se ve reflejada en sus novelas. 

En su juventud, Wells recibió una beca para poder estudiar biología en la Normal School of Science de Londres, y alejado del humanismo clásico, se situó en una posición más cercana a las ciencias, que le proporcionó buena parte de la energía creadora que nutrió su trayectoria como novelista. 

Debido a su falta de recursos económicos, tardó varios años en licenciarse. Poco después, debido a problemas físicos, decidió dedicarse a la escritura de manera constante. Durante 50 años escribió más de 80 libros. Su producción podría dividirse en tres etapas: la de novela científica, la familiar y la sociológica. La novela científica comenzó con el fin de la Segunda Guerra Mundial y se convirtió pronto en un género popular, y las escritas por Wells son obras maestras del género gracias a su interés científico, así como a sus sólidas estructuras estilísticas y a su prodigio imaginativo. Basta como ejemplo la primera de ellas, La máquina del tiempo (1895), en la que el inventor de la máquina puede viajar hacia el pasado o el futuro con un sencillo movimiento de palanca. Fue miembro de la Sociedad Fabiana. 

Acosado por los achaques físicos que le habían perseguido a lo largo de toda su vida, tuberculosis y lesión de riñón, se refugió durante sus últimos años en su finca de Easton Glebe, dedicado a la revisión de sus obras completas. H.G. Wells falleció el 13 de agosto de 1946 en Londres.
El irresistible sabor de un libro bien cocinado 


La cocina es tendencia de actualidad. Prueba de ello son los numerosos programas de televisión sobre esta temática que hemos podido ver esta temporada. La gastronomía también ha adquirido mayor protagonismo en el cine, y pudiendo disfrutar en los últimos años hemos de películas tan sabrosas como Ratatouille, o Julie y Julia, por Amy Adams y Meryl Streep, basada en las memorias de una mujer que quiso recrear todas las recetas de la archiconocida cocinera norteamericana Julia Child. 

En el mundo editorial, cabe señalar que los libros de cocina son cada vez más elaborados y que muchas veces van más allá de ser simples recetarios. Buenos ejemplos son La cocina de la familia, un título elaborado por Ferran Adrià y su equipo detallando las recetas que los cocineros de El Bulli preparaban para el equipo del restaurante. Internet ha facilitado el contacto y la circulación de información entre aficionados a la cocina, dando lugar a sitios de cabecera como El foro del pan, lugar que resuelve todas las dudas para aquellos que desean iniciarse en el arte de hornear pan en casa, o fomentando el auge de blogs sobre cocina y gastronomía, entre los que destacan, por ejemplo, El comidistade Mikel Iturriaga.

La literatura también empieza a hacerse eco de este fenómeno, especialmente en el género de la literatura femenina. Se habla de kitch-lit o cook lit, es decir, literatura de cocina cuyas protagonistas son mujeres tenaces y trabajadoras que quieren a toda costa ver cumplidos sus sueños gastronómicos. Novelas que detallan el duro día a día de la vida de un cocinero profesional, así como la pasión y la creatividad que rodean la creación de un plato. Es el caso de Una chef con estrella, cuya protagonista, Georgia, desea por encima de todo convertirse en una reputada chef, aunque su camino estará lleno de obstáculos. Esta sabrosa novela traslada a los lectores de los restaurantes más exclusivos de Nueva York, llenos de intrigas y envidias, hasta los sabores sencillos y auténticos de la Toscana, donde la protagonista acude para reencontrarse con sus raíces y descubrir lo que desea de verdad. Una lectura llena de aromas y sensaciones que te hará la boca agua. 

Sinopsis: Georgia lleva años trabajando muy duro y está cerca de conseguir su sueño en lo profesional y en lo personal: su reputación como una de las mejores chefs de Manhattan es indiscutible y va a casarse con el hombre de su vida. Tras la publicación de una crítica demoledora y conocer una cara desconocida de su novio, ve cómo su vida se viene abajo. Sin embargo, este golpe del destino le brinda la ocasión de empezar de nuevo, y decide matricularse en un curso de cocina en la Toscana. Los aromas y sabores de los platos de esta idílica región italiana la estimularán ante nuevos retos y le aportarán la inspiración necesaria para descubrir lo que quiere de verdad. 

Sobre la autora: Una chef con estrella es la primera novela de Jenny Nelson, quien ha trabajado como consultora web para revistas de moda como inStyle o Vogue. Vive con su marido y sus dos hijas entre Manhattan y la idílica Millbrook, una localidad cercana a Nueva York, y está escribiendo su segundo libro.
La primera monografía publicada sobre el músico y realizador Rob Zombie 

Rob Zombie. Las siniestras armonías de la sordidez es el volumen que inaugura la nueva colección de ensayo/cine Ultramundo, que nace fruto de la colaboración entre Tyrannosaurus Books y el conocido blog Ultramundo. 

La colección Ultramundo pretende nutrir al lector de material inédito sobre determinadas figuras clave del cine fantástico que no hayan sido tratadas en nuestro país o bien hayan sido trabajadas previamente pero creamos que podemos aportar contenido novedoso mediante el análisis de filmografías, entrevistas y la aportación de otro tipo de información y materiales que creamos relevantes y puedan aportar luz al tema en cuestión. Sobretodo serán monografías sobre directores si bien tendrán cabida ensayos temáticos y otros dedicados a sagas de relevancia en el género. 

Se trata de la primera monografía sobre el músico y director de cine Rob Zombie, no solo en España sino en todo el mundo. Daniel Rodríguez, en coordinación con Miguel Díaz (director del blog Ultramundo), ha perpetrado este estudio que repasa toda la carrera de Rob Zombie. El libro desgrana su carrera musical para adentrarse en el estudio pormenorizado de todas y cada una de las obras cinematográficas de Rob Zombie, desde La casa de los 1000 cadáveres a la reciente Lords of Salem, continúa con su participación en otro tipo de proyectos como la película de animación El Superbeasto, el fake trailer para el díptico de Tarantino y Robert Rodríguez Grindhouse o su participación en la serie CSI Miami, sus proyectos para el mundo del cómic y otros proyectos que no llegaron a materializarse, para finalizar con las notas de su próximo proyecto, 31, que se encuentra en fase de preproducción. Un libro realizado desde la admiración pero con la distancia necesaria para tomarle el pulso a cada uno de los elementos que se analizan. Un ensayo que estudia pormenorizadamente todos los aspectos de este creador polifacético descubriendo sus constantes, sus filias y sus influencias. 

Sobre el autor: Dani Rodríguez (Gijón, 1984), es analista cinematográfico y un apasionado del género fantástico y de terror en todos los medios, ya sea cine, literatura o cómic. Blogger y colaborador habitual en los websites Ultramundo y Cine Maldito entre otros, esta es su primera publicación en papel, aunque está inmerso en la escritura de otras monografías de autoría colectiva.
Umbriel regresa en septiembre con dos interesantes novedades en su catálogo novelas de fantasía épica y apocalíptica que te harán viajar a otros mundos: El heraldo de la tormenta y Red Hill

Fuego, sangre y magia son los ingredientes de El heraldo de la tormenta, el inicio de una trilogía con la que Richard Ford ha tomado al asalto el mundo de la fantasía épica en la mejor tradición de George R.R. Martin y Patrick Rothfuss. 

Tras triunfar con Inevitable desastre, la autora best seller del New York Times Jamie McGuire vuelve a sorprendernos con Red Hill, un thriller sobre personas que un día se despiertan y tienen que enfrentarse al fin del mundo. Una novela de terror y zombis, pero sobre todo de emociones fuertes, ternura y amor, que crea suspense e interrogantes hasta el final. 

Sinopsis: Siete historias entrelazadas con personajes legendarios y fascinantes, todos ellos vecinos de Steelhaven, un puerto de la costa meridional de los Estados Libres. Y sus vidas, como las del resto de habitantes de la ciudad, están a punto de sufrir la llegada de Massoum Abbasi, consejero militar de los príncipes del desierto que ha puesto todos sus conocimientos al servicio del brutal conquistador Amon Tugha. 

Sinopsis: Nadie abre los ojos pensando que ese día tendrá que enfrentarse al fin del mundo. Pero, a medida que los pacientes se agolpan en la sala de urgencias del hospital en el que trabaja, Scarlet debe comenzar a aceptar que la plaga europea sobre la que las noticias venían informando ha llegado a Estados Unidos… y que, a partir de ese viernes, ya nada será igual.
Cruzando una línea mortal 

La psique choca con la psicosis en esta fascinante novela que explora la vida, la muerte y la zona oscura existente entre ambas. 

Sinopsis: Theo Nikonos, antiguo detective, hace ahora determinados «trabajos» para el profesor DeBray, del Instituto de Investigación de Fenómenos Anabióticos. En sus viajes, ha visto muertos de todos los tipos, y esta vez la persona en la que centra su interés es una bella mujer que falleció unos meses atrás en un accidente de tráfico. Un caso triste, sin duda… y que se pone interesante cuando ella abre los ojos y le pregunta «¿Quién eres?». «Un amigo», responde él. Así empieza la historia de Laura y Theo, dos personas unidas por el amor y la muerte: Laura, desesperada por encontrar a su marido, supuestamente muerto en el mismo accidente que ella; Theo, dispuesto a hacer cualquier cosa por Laura… como arriesgar sus principios, sus creencias, o incluso su propia vida. 

 «Valtos explora el mundo que se oculta tras la muerte, un tema que ha inquietado a grandes autores, desde la afamada escritora de ciencia ficción Connie Willis hasta Jason Mott, cuya obra se ha transformado en la exitosa serie de TV ‘Resurrection’». Publishers Weekly 

«Valtos ha construido una novela de misterio y asesinatos de corte muy negro en la que su personaje transita a tientas por la senda que separa la vida de la muerte». Literary Times

«El autor sugiere que la verdad, tanto en esta novela de misterio como en el misterio de la vida, suele ser mucho más compleja de lo que la ciencia admite». P. Ritter, Rain Taxi 

«He disfrutado mucho con esta historia que se divide entre el amor y el horror, pero es todo suspense. Me han fascinado la temática, los villanos cuidadosamente pincelados y el fantástico final. Una novela imprescindible». Amazon 

Sobre el autor: William M. Valtos asegura que decidió que quería ser escritor cuando estaba en primaria. Le publicaron su primer artículo en una revista nacional cuando contaba con tan solo catorce años, y con el tiempo acabó siendo reportero y editor de un premiado periódico de las Fuerzas Aéreas. A eso le siguieron varios años trabajando en publicidad, donde también consiguió diversos premios. Publicó su primera novela en 1989, Resurrection, obra que se convirtió en la película de televisión Muerte aparente. Después vendrían El psicólogo de los muertos, La Magdalena y La reliquia de Rasputín (en La Factoría de Ideas).
Sinopsis: En 1909 abrieron sus puertas en Oxford Street, en medio de una colosal campaña publicitaria, los grandes almacenes Selfridge’s, los primeros de Londres. Detrás de tan elegante fachada estaba Harry Gordon Selfridge, el gran genio estadounidense. Empresario inconformista y arriesgado, dandi y el mayor showman que ha conocido el mundo del comercia, la clave de su éxito fue despertar la seducción por las compras. Y así como crecieron su éxito y su fama, también lo hizo su estilo de vida: mansiones, yates, juegos de azar, caballos de carreras… y amantes. Desde el glamour de la Inglaterra eduardiana y los excesos embriagadores de los años veinte hasta hoy en día, los grandes almacenes Selfridges han sido un gran teatro que levanta el telón todas las mañanas a las nueve en punto. 

Crítica: En apenas una semana han fallecido dos de los principales hombres de negocios españoles, Emilio Botín, presidente del Banco Santander; e Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Ingles. Al contrario que el banquero de Cantabria, quien se caracterizaba por una estrecha relación con los medios de comunicación; Isidoro Álvarez siempre fue un gran desconocido por su carácter discreto. Durante los veinticinco años que estuvo presidiendo los grandes almacenes, rechazó cualquier protagonismo, pese a ser el principal responsable de convertir el negocio de su tío en un referente de la distribución comercial española. La expansión y diversificación de la marca, la creación de la tarjeta de El Corte Ingles- la primera tarjeta de crédito que permitía a los consumidores españoles el pago a plazos de sus compras- o la política de devolución –“Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero”- transformaron por completo nuestra forma de comprar. Y aunque Isidoro Álvarez era un visionario, la mayoría de los cambios no resultaban novedosos en otros países como Francia, Estados Unidos o Gran Bretaña, debido a un solo hombre, Harry Gordon Selfridge. 

«Harry Gordon Selfridge colocó el departamento de perfumería y cosmética justo a la entrada del establecimiento, un movimiento que cambió para siempre la disposición del espacio de venta. Selfridge transformó el escaparatismo en una forma de arte, fue pionero en cuanto a las ofertas y desfiles de moda (…) Por encima de todo, fue capaz de divertir a sus clientes. En una época en la que no había radio ni televisión, cuando el cine se hallaba en pañales, Selfridge’s, en Oxford Street, ofrecía a sus clientes una forma de entretenimiento tan fascinante como la de cualquier museo de ciencias, con tanto o más glamour que cualquier teatro de variedades. Al brindar a sus clientes un “único día de rebajas”, Harry Selfridge podía jactarse de que, tras la abadía de Wesminster y la Torre de Londres, su tienda era “la tercera atracción turística más importante de la ciudad”. La gente podía comprar buena parte de lo que necesitaba en Selfridge’, así como muchas cosas que ni siquiera era consciente de necesitar hasta que se dejaba seducir por sus atractivos expositores». 

 La novela biográfica de Lindy Woodhead nos permite conocer no solo la vida, tanto profesional como personal, de este pionero de los grandes almacenes y las compras; también el contexto histórico, político, económico y, sobre todo, social de finales del siglo finales XIX hasta mediados del XX. Un período caracterizado por importantes cambios en todos los ámbitos que tendían a reflejarse en el consumo a través de detalles como la forma de vestir de las mujeres o el estilo de música predilecto entre los jóvenes. 

 A pesar de que alude los múltiples affaires y otros escándalos asociado a la polémica figura de Harry Gordon Selfridge, la autora rechaza cualquier sensacionalismo para centrarse en la auténtica revolución que supusieron la apertura de Selfridge’s en Gran Bretaña. Estos grandes almacenes se convirtieron en un icono para todos los londinenses, cambiando por completo el panorama de la ciudad en todos los niveles. 

«Mr. Selfridge» reconstruye con gran precisión el contexto de aquella época gracias al exhaustivo proceso de documentación previo realizado por Lindy Woodhead, permitiéndonos conocer en primera persona todos los detalles de aquella época, repleta de anécdotas hasta ahora desconocidas por la mayoría. Una novela tan fascinante como la figura en la que se inspira, tan atractiva como los escaparates de Selfridge’s y tan irresistible como los precios de su «sótano de las oportunidades». 

Es cierto que en determinados capítulos, la autora tiende a excederse en los pormenores del contexto -como la reiterativa mención de las familias nobles inglesas y su extenso patrimonio-; pero Harry Gordon Selfridge es siempre el protagonista por excelencia, aunque no se le mencioné directamente durante sucesivas hojas. 

 De hecho, la novela «Mr. Selfridge» podría considerarse el homenaje póstumo literario por excelencia al hombre que convirtió irse de compras –o el shopping- en toda una experiencia que, en cierta forma, nos recuerda a «El Gran Gatsby» (F. Scott Fitzgerald) por su increíble éxito empresarial, su lujoso estilo de vida y, finalmente, su trágico declive. 

LO MEJOR: La exhaustividad el recrear no solo la biografía, tanto profesional como personal, de Harry Gordon Selfridge, sino también del contexto. La posibilidad de conocer gran multitud de anécdotas -hasta ahora desconocidas- de aquella época. Lindy Woodhead huye de los sensacionalismos relacionados con el protagonista para centrarse en su faceta como hombre de negocios y su influencia para transformar la forma de comprar. 

LO PEOR: En algunos capítulos, la autora tiende a excederse en los pormenores del contexto. La novela está orientada exclusivamente para personas interesadas en temáticas tan concretas como la publicidad, la moda o la historia. El desconocimiento general sobre la figura de Harry Gordon Selfridge hasta la serie de televisión. 

Sobre el autor: Lindy Woodhead trabajó como periodista, relaciones públicas de un estudio cinematográfico y publicista de moda 8esto último para Browns, en South Motion Street) antes de fundar en 1974 su propia agencia, mediante la cual ha representado a dinseñadores de moda internacionales y marcas de escala mundial, incluidas Karl Lagerfeld, Yves Saint Laurent, Louios Vuitton, Garrard & Co. Y Ferragamo. A finales de la década de 1980, Lindy también fue la primera mujer en pasar a formar parte del consejo de administración de Harvey Nichols. En 2000, a los cincuenta años, Lindy se retiró para desarrollar su carrera como escritora. Su primer libro, War Paint, se publicó en 2003 y ha sido objeto de un documental televisivo de alcance internacional. Lindy está casada y tiene dos hijos. Vive a caballo entre el suroeste de Londres y el suroeste de Francia.
El cristal menos frágil 

Tres hermanas desafían las estrictas convicciones sociales de finales del siglo XIX en un pequeño pueblo de Lauscha, en Turinga, demostrando a sus habitantes que el oficio de soplar vidrio no es solo para hombres. 

La novela se inspira en una historia real sobre la creación de los primeros adornos navideños, recreando con gran precisión el contexto, así como la ardua vida de los artesanos, sus dificultades y rivalidades, pero también sus fiestas y pequeñas alegrías del día a día. 

Sinopsis: Tras la muerte inesperada de su padre, soplador de vidrio, las tres hermanas Johanna, Ruth y Marie no saben cómo se las arreglarán, pues el oficio de artesano del vidrio está vetado a las mujeres y ellas solo eran ayudantes. 

Un artesano rival les ofrece trabajo en su taller, pero no lo aceptan y pronto empiezan las dificultades. Johanna es acosada por su jefe en su empleo en una botica, Ruth se casa con un hombre violento, y Marie, que tiene un gran talento elaborando preciosos objetos de cristal, siente que nadie aprecia sus diseños. 

Finalmente, el providencial encuentro con un comerciante americano dará salida a las hermosas creaciones de Marie, pero tendrán que luchar contra las muchas adversidades que se presentan para cumplir su sueño de independencia y libertad. 

Sobre la autora: Petra Durst-Benning es una de las autoras más queridas y prolíficas de Alemania. Licenciada en traducción, comenzó a escribir ensayo hasta que se decidió por la ficción, con la que ha llegado a vender más de dos millones de ejemplares. La artesana del vidrio es su gran best seller.
Sinopis: La carretera transcurre en la inmensidad del territorio norteamericano, un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear. Un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él. Rodeados de un paisaje baldío, amenazados por bandas de caníbales, empujando un carrito de la compra donde guardan sus escasas pertenencias, recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada a veces en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío «capaz de romper las rocas». 






Crítica:
Run through forests
On a hot Summer day
Trying to break down
Walls of numbing pain
Give me the freedom to destroy
Give me radioactive toy

Caminan bajo un cielo de ceniza hacia un mar muerto en una tierra sin vida. Un padre y su hijo. Un carrito del supermercado con todas sus posesiones, insuficientes. Una bala. El frio y el hambre cada vez mayores. La tentación de la carne que jamás deben probar. El intenso dolor de pecho que impide respirar el aire todavía más envenenado que sus pulmones. La tos seca como el sonido de la vegetación ardiendo por el fuego del hombre. Un esputo sanguinolento sobre el asfalto ya no transitado, excepto por ellos y otros con los que no desean encontrarse. La esperanza…

«La carretera» es una novela postapocalíptca que nos describe el peregrinaje de un padre y su hijo a través de un paisaje estéril en su lucha por la  supervivencia. Cormac McCarthy nos narra de forma desgarradora el viaje de ambos personajes, ofreciéndonos un relato desesperanzador acerca del comportamiento del hombre en situaciones extremas y, al mismo tiempo, conmovedor por esta relación paternofilial.

Taste the water
From a stream of running death
Eat the apple
And cough a dying breath
Give me the freedom to destroy
Give me radioactive toy

El escritor estadounidense opta por un relato ininterrumpido, sin capítulos, para ilustrar el fatigoso viaje del padre y su hijo por un mundo reducido a las cenizas del recuerdo. La imposibilidad del lector para establecer pausas durante la lectura permite identificarse con los protagonistas, quienes avanzan sin descanso hacia un destino incierto, pues el mar al que dirigen sus pasos de pertenece al pasado del padre, ahora destruido sin que lleguemos a conocer jamás la causa, solo las consecuencias.

Sin embargo, la esperanza de proporcionar un futuro mejor a su hijo, quien no debería haber nacido ni conocido mundo como aquel -en el que los escasos supervivientes recurren con frecuencia la antropofagía ante la falta absoluta de alimento-, es lo único que le permite seguir caminando. Precisamente, el deseo de preservar la inocencia del niño le lleva a cometer actos egoístas, incluso violentos. Una contradicción de sentimientos apreciable en la negativa del autor a referírsele como «su hijo», siempre «el niño». Es decir, el padre pretende establecer una separación emocional para no vacilar llegado el momento de apretar el gatillo.

De hecho, adviértase que los escasos diálogos entre ambos son reiterativos, basados en monosílabos hasta convertirse prácticamente en monólogos carentes de significado, solo palabras pronunciadas en voz alta para que parezcan más reales. Y es que la imposibilidad de hablar sobre el pasado –los escasos recuerdos del padre sobre su propia infancia, el incierto desastre que originó aquel «invierno nuclear» o el abandono de la esposa y madre- y la incertidumbre de su propio futuro les obliga a centrarse en el desolador presente, al silencio de quienes no tienen nada que decirse  ni mayor relación que la establecida por las circunstancias. Al fin y al cabo, «cualquiera puede ser padre, pero sólo un hombre de verdad merece ser llamado papá».

Feel the sun
Burning through your black skin
Pour me into a hole
Inform my next of kin
Give me the freedom to destroy
Give me radioactive toy

Precisamente, ese egoísta deseo por mantener al niño vivo únicamente para tener una razón que justifique su propia existencia conlleva un exceso de protección le impide aprender, a valerse por si mismo, a sobrevivir. El padre convierte a su hijo en un ser dependiente de su figura. Es posible que algunos interpreten sus acciones como la necesidad de salvaguardarlo de la violencia, pero la negativa de dejarlo crecer, de permitirle seguir percibiendo el mundo a través de la ingenuidad –no de inocencia- infantil provoca que sea aún más débil y, por ende, más dependiente. Y es que resulta demasiado simple dividir a las personas en exclusivamente dos categorías, «buenos» y «malos», sin posibilidad de ambigüedad al interpretar sus acciones.

No obstante, McCarthy  evita la tediosidad en su novela – a consecuencia de la reiteración de escenas y el ritmo pausado de la narración- intercalando su arduo peregrinaje con escenas que nos hacen perder cualquier esperanza en el ser humano. El escritor estadounidense sitúa a sus personajes en una situación límite para mostrarnos sus reacciones cuando todo su mundo queda reducido a la satisfacción de las funciones más básicas; en especial, la necesidad de encontrar comida en un mundo yermo, en el que la tierra es incultivable por la gruesa capa de ceniza que la cubre o la ausencia de animales, bien porque han emigrado a otras regiones del país- e incluso del planeta- o han perecido en este eterno invierno gris. Aquí es cuando nos ofrece el retrato más descarnado de la humanidad, las imágenes provocan un fuerte impacto en el lector, tanto por lo que se nos describe como por la forma de hacer. Y es que McCarthy los narra en un tono neutro, de absoluta normalidad ante la brutalidad de la que somos testigos, incremento su efecto desmoralizador.

Run through graveyards
On a dusty winter day
Spit the dirt out
And try to say
Give me the freedom to destroy
Give me radioactive toy (1)

De este modo, conforme avanzamos por «La carretera» crece nuestra impotencia ante el recuerdo de un mundo ahora inexistente mientras avanzamos fatigosamente hacia un futuro todavía más incierto que el desalentador presente en el que intentamos sobrevivir, aunque carezcamos de razones para hacerlo. Cormac McCarthy nos ofrece una novela desesperanzadora, un relato de supervivencia extrema sobre la pérdida de nuestra humanidad y, en especial, la lucha de un padre por preservar la esperanza para dar un significado a la vida de su hijo en un planeta que la perdió hace demasiado tiempo. A pesar de las contradicciones en la personalidad de sus dos protagonistas –y, sobre todo, de su comportamiento ante determinadas circunstancias-, «La carretera» se extiende ante nosotros, inmutable, con un desalentador mensaje que no dejara indiferente al lector en su arduo avance hacia ninguna parte.



(1) Letra de Radioactive toy, Porcupine Tree.

LO MEJOR: La estructuración de la novela en un único párrafo impide al lector realizar pausas, transmitiendo de forma metafórica el desaliento de sus protagonistas. La descripción de un planeta árido, cubierto de ceniza y muerte, sin esperanza. La simbología de los diálogos y otros detalles asociados a la relación entre padre e hijo. El distanciamiento narrativo incrementa el demoledor efecto de las escenas más crudas.

LO PEOR: Las incoherencias en el comportamiento de los dos personajes principales. La excesiva ingenuidad del hijo no resulta congruente en el contexto, pese a la sobreprotección paterna. «La carretera» no es la clásica  novela postapocalíptica, muchos lectores aficionados del subgénero pueden desilusionarse ante la auténtica complejidad del planteamiento pese a su apariencia sencilla.


Sobre el autor: De nombre Charle McCarthy, se trasladó con cuatro años a Knoxville, y estudió Humanidades en la Universidad de Tennesee, estudios inconclusos pues ingresó en la Fuerza aérea en la que estuvo cuatro años. Tras ello, intentó de nuevo, sin éxito, terminar sus estudios. Marchó a Chicago comenzando a publicar en 1965. Viajó dos veces por Europa gracias a sendas becas, y se casó tres veces. Tras su último matrimonio marchó a vivir a Nuevo México, no conociéndose muchos datos de él por la celosa reserva de su intimidad. Trabaja también como guionista cinematográfico, y varias de sus obras han sido adaptadas al cine. Ha obtenido varios premios, destacando el Pulitzer de novela en el año 2007.
Sinopsis: La segunda guerra mundial no sólo se cobró vidas humanas: el patrimonio artístico europeo fue también víctima de la barbarie nazi, que ejerció de forma sistemática el pillaje y el saqueo de obras de arte de todo tipo, incluidos cuadros de Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Van Dyck y Vermeer, robados para Hitler y otros dirigentes del nacionalsocialismo. En total, más de cinco millones de objetos fueron confiscados y trasladados a los territorios del Tercer Reich durante los primeros años de la guerra.

Para evitar la desaparición y el deterioro de ese enorme legado cultural, cuando la guerra encaraba su fase decisiva los aliados crearon la sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos, en la que hasta 1951 trabajaron algo más de trescientas personas de trece países distintos. En su mayoría no eran militares, sino directores de museos, conservadores, historiadores y profesores de arte que utilizaron sus conocimientos para recuperar, catalogar y devolver a su legítimo lugar cuadros, esculturas y retablos, y para proteger abadías, iglesias y otros edificios históricos de los estragos de la guerra.

Los miembros de la sección de Monumentos, conocidos como 
Monuments Men, encararon en aquellos años cruciales una carrera contrarreloj para salvar tesoros culturales de la destrucción, ejerciendo a menudo una labor detectivesca a través de documentos recuperados en catedrales bombardeadas y museos, y gracias a pistas conseguidas con la ayuda de la población local. Se convirtieron de este modo en héroes improbables sumergidos en el epicentro de la peor guerra del siglo XX, que arriesgaron sus vidas y en algunas ocasiones la perdieron, y que, como tantos otros que vivieron aquella época, personificaron el coraje que permitió que la mejor humanidad derrotara a la peor.

Crítica: Entre las ruinas de un futuro destruido por los bombardeos y tanques del enemigo, yace también sepultado el pasado de un pueblo ahora sin identidad. Los conflictos bélicos  no solo implican la pérdida de vidas humanas irremplazables, asimismo el patrimonio cultural e histórico se convierte en otra víctima de estos enfrentamientos armados. Sin embargo, la pérdida de estos monumentos no posee la misma trascendencia que la matanza de civiles en las zonas en guerra, especialmente cuando los muertos son mujeres y, en especial, niños. Con todo, caminando entre los restos carbonizados del zoco medieval de Alepo (Siria); los restos derruidos de las escasas mezquitas palestinas que habían conseguido resistir los ataques del ejército israelí; o las vitrinas vacías en los principales museos de El Cairo (Egipto) tras los saqueos de la primavera árabe, cabe preguntarnos si el precio que estamos pagando por la «libertad» no es demasiado alto.

Conscientes de la importancia de conservar este pasado para las futuras generaciones, se constituyó «The Monuments Men» -o también conocidos como los soldados del arte-.  Durante la Segunda Guerra Mundial, trescientos hombres y mujeres –la mayoría académicos sin formación militar ni recursos materiales y humanos para desarrollar su misión- arriesgaron su vida para preservar, e incluso recuperar el patrimonio artístico europeo ante el codicioso avance de las tropas alemanas.

Si recordamos, Hitler era un artista y arquitecto frustrado tras el rechazo de su solicitud para ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena. En su opinión, el comité de experto estaba constituidos por judíos que, con su negativa, lo condenaron a la miseria más absoluta durante una década. Posteriormente, y durante el ascenso del Tercer Reich, realizó una visita a Italia invitado por su aliado fascista Benito Mussolini. Las ciudades de Roma y Florencia consolidaron su idea de crear un imperio, sino también su propio destino pues «no había sido llamado a crear, sino a reconstruir. A expurgar para después recomponer. A convertir Alemania en un imperio, el mayor que el mundo hubiera visto. El más fuerte, el más disciplinado, el de más pura raza. Berlín sería su Roma, pero un verdadero artista-emperador necesitaba una Florencia. Y él sabía donde construirla». En la ciudad de Linz, Austria, donde se erigiría el Führermuseum, el mayor, imponente y espectacular museo de arte del mundo. Sin embargo, las instalaciones diseñadas por Albert Speer requerían una formidable colección artística que no disponían. De ahí las confiscaciones y saqueos no solo a la población judía, sino también a los países invadidos por su ejército a fin de cumplir los sueños imperialistas de su Führer.

Robert M. Edsel permite conocer el trabajo desarrollado por «The Monuments Men», poniendo en conocimiento del lector uno de los episodios más desconocidos –e infravalorados- de la Segunda Guerra Mundial a través de documentos oficiales, cartas personales y testimonios de los hombres que constituyeron aquel primer grupo de hombres dispuestos a sacrificar sus vidas presentes por un futuro donde el pasado tuviera un lugar más allá del recuerdo destruido. A pesar de ello, nos encontramos ante una reconstrucción parcial de los acontecimientos narrados, pues el propio autor reconoce en su prólogo que el libro se centra exclusivamente en los grupos estadounidenses y británicos, mencionado muy brevemente, por ejemplo, la división italiana que sufrió penurias mayores a la de sus homólogos ante la inmensidad del patrimonio a proteger y la absoluta falta de apoyo de sus autoridades.

Precisamente, la falta de objetividad del autor, que tiende a glorificar no solo las acciones, sino también a determinados miembros acaba por conseguir el efecto contrario, la animadversión hacia estos soldados de arte. Y es que resulta incoherente dedicar tanto espacio a la biografía personal y profesional de todos y cada uno de ellos cuando después la mayoría apenas tiene verdadero protagonismo, como el Mayor Ronald Edmund Balfour o los soldados Harry Ettlinger y Lilcoln Kirstein.  En realidad, Robert M. Edsel tiende a centrarse en el capitán Walker Hancock y el teniente George Stout, un menosprecio a la labor desarrollada por los demás integrantes de «The Monuments Men».

Además, el autor realiza constantemente juicios de valor, estableciendo claramente una división prejuiciosa entre los «buenos» –estadounidenses, ingleses, y en menor medida franceses- y los «malos»- alemanes, y posteriormente los rusos comunistas-. Es cierto que las tropas hitlerianas cometieron crímenes abominables durante el conflicto, pero describir a los ejércitos que lucharon contra ellas –y todos sus soldados- como hombres  de coraje, honor y respeto resulta hipócrita.  Durante la reconquista de Francia, miles de mujeres fueron violadas por los soldados estadounidenses, a quienes les vendieron el país galo como un auténtico burdel de mujeres fáciles deseosas de caer en los brazos –y satisfacer- a las tropas liberadoras. Es más, recordemos que Anthony Burguess escribió su novela más famosa, «La naranja mecánica», después de que su mujer embarazada fuese agredida sexualmente por un contingente estadounidense que asaltó la casa del escritor inglés.

Si leemos el libro con detenimiento, Robert M. Edsel solo menciona dos episodios: la destrucción de una colección privada abandonada por un general nazi y la violación a una joven alemana. En el resto de la novela resulta imposible encontrar cualquier referencia a un comportamiento incivilizado a fin de no perjudicar su imagen.  Nuevamente, el patriotismo del autor se antepone a la veracidad de los acontecimientos, convirtiendo «The Monuments Men» en material meramente propagandístico con el que enarbolar la bandera de barras y estrellas fuera de sus fronteras, tal y como sucedió hace pocos años con la invasión de Afganistán o Irak. 

En definitiva, «The Monuments Men» es la visión parcial y subjetiva de su autor sobre uno de los episodios más desconocidos- aunque relevantes- de la Segunda Guerra Mundial que, con objeto propagandístico, no nos hubiese extrañado leer en algún párrafo Sadam Hussein u Osama Ben Ladem en vez de Adolf Hitler, o las ciudades de Kabul o Bagdad sustituyendo a las ciudades de Linz e incluso la propia Berlín. Los prejuicios de Robert M. Edsel  y el excesivo patriotismo de la prosa convierten su novela convertida en ruinas literarias irrecuperables incluso para los propios soldados del arte.

LO MEJOR: La oportunidad de conocer uno de los episodios más desconocidos –e infravalorados- de la Segunda Guerra Mundial.

LO PEOR: La visión parcial de la historia, basándose en prejuicios y el excesivo patriotismo de su autor. La hipocresía de no mencionar los crímenes cometidos por las tropas estadounidenses.


Sobre el autor: Robert M. Edsel (1956), empresario petrolífero de éxito, decidió un día dedicar su vida a la divulgación del legado de los hombres de la sección de Monumentos. Es el fundador de la Monuments Men Foundation for the Preservation of Art, que recibió en 2007 la medalla nacional de Humanidades de Estados Unidos, y coproductor de The Rape of Europa, un documental, ganador de varios premios, sobre el expolio nazi. Es también autor de Rescuing Da Vinci, un repaso a lo ocurrido a través de fotografías de la época. La versión cinematográfica de The Monuments Men, que dirige y protagoniza el oscarizado George Clooney, se espera se estrenó en 2013.
Sinopsis: Kris Kelvin acaba de llegar a Solaris. Su misión es esclarecer los problemas de conducta de los tres tripulantes de la única estación de observación situada en el planeta. Solaris es un lugar peculiar: no existe la tierra firme, únicamente un extenso océano dotado de vida y presumiblemente, de inteligencia. Mientras tanto, se encuentra con la aparición de personas que no deberían estar allí. Tal es el caso de su mujer —quien se había suicidado años antes—, y que parece no recordar nada de lo sucedido. Stanisław Lem nos presenta una novela claustrofóbica, en la que hace un profundo estudio de la psicología humana y las relaciones afectivas a través de un planeta que enfrenta a los habitantes de la estación a sus miedos más íntimos.





Crítica:
Words are flowing out like endless rain into a paper cup
They slither while they pass they slip away across the universe
Pools of sorrow, waves of joy are drifting through my opened mind
Possessing and caressing me
Jai guru deva, Om
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Images of broken light which dance before me like a million eyes
They call me on and on across the universe
Thoughts meander like a restless wind inside a letter box
They tumble blindly as they make their way across the universe
Jai guru deva, Om
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Sounds of laughter, shades of love are ringing through my opened ears
Inciting and inviting me
Limitless undying love, which shines around me like a million suns
And calls me on and on across the universe
Jai guru deva, Om
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Nothing's gonna change my world
Posiblemente, el lanzamiento de la canción de The Beatles, «Across the Universe», es el intento más anecdótico –y poético- realizado por la agencia especial para establecer el ansiado contacto con una raza alienígena. Durante la celebración de su cincuenta aniversario, la NASA envió una señal auditiva con el célebre tema del grupo británico en dirección a la estrella Polaris, con la esperanza de conseguir una respuesta. Sin embargo, el silencio del universo solo es interrumpido cuando suenan las voces de Paul McCathey y John Lennon, sin que –en apariencia- haya nadie para escucharla.

El mensaje de Arecibo, el disco de oro de las Voyager, la placa de la Pioneer son tres ejemplos de la larga lista de infructuosas misiones especiales para demostrarnos que no estamos solos en el cosmos. Una obsesión acrecentada con la llegada del hombre a Marte, así como las pruebas que demuestran la capacidad del planeta rojo para albergar vida en el pasado. No obstante, pese a las numerosas teorías y reiterados –y costosos- intentos por contactar con otras civilizaciones, pocos son los que se han planteado las consecuencias que implicaría el conseguirlo.

Stanislav Lem reflexiona sobre esta cuestión a través del estudio del planeta «Solaris», formado por un inmenso océano protoplasmático –es decir, compuesto por una alta acumulación de substancias químicas disueltas en sus aguas- y un sistema binario de estrellas- dos soles, uno rojo y otro azul-. Durante la novela, el autor polaco alterna la narración de Kris Kelvin –un psicólogo enviado para analizar el extraño comportamiento de la tripulación en la única estación de observación- con fragmentos acerca de las investigaciones previas realizadas al planeta y- en concreto- su océano.



En este aspecto, «Solaris» difiere significativamente de otras novelas del género, en especial aquellas de procedencia anglosajona. Stanislav Lem dota a la historia de una sólida base científica que incrementa notablemente la credibilidad del relato ante el lector. «Solaris» bien podría clasificarse como un complejo ensayo acerca de importantes cuestiones metafísicas, pues nos plantea la viabilidad de separar el pensamiento de la materia. Es decir,  la existencia de una conciencia individual independiente de un cuerpo físico para garantizar su supervivencia.

De ahí la importancia de comprender el océano solariano, auténtico protagonista de la novela. A pesar de que la mayoría de la acción transcurra en la estación de observación, comprobamos la omnipresencia de este inmenso organismo y la influencia ejercida sobre sus tripulantes tras el «contacto» con esta entidad. Es entonces cuando Stanislav Lem profundiza en la psique humana a través de los «visitantes», recuerdos encarnados mediante el acceso al subconsciente cuando el equipo científico duerme.

Cuando Kelvin se reencuentra con Harey, su fallecida esposa, observamos un cambio en el tono de la novela. Si antes predominaba el carácter académico de la narración con detalladas descripciones acerca de las primeras exploraciones del océano, así como las divergentes teorías surgidas a partir de estos estudios inconclusos; después de los primeros encuentros entre ambos se vuelve un relato más intimista –o si lo preferís, más humano-.

Stanislav Lem analiza las consecuencias de un posible contacto a través de sus personajes humanos, pues comprobamos que la evolución de sus sentimientos hacia los  «visitantes» - miedo, rechazo, vergüenza, aceptación, etcétera- son perfectamente extrapolables al conjunto de nuestra especie.

Otro detalle muy significativo el intercambio de impresiones entre Kelvin, Snaut y Sartorius que llegan a plantearse precisamente el concepto de «humanidad» asociándolo con la existencia de pensamiento racional. Adviértase que, en principio, los dos únicos tripulantes rechazaban la presencia de Kelvin ante la posibilidad de que fuese un «visitante». Esa imposibilidad para distinguir entre lo «real» y el «sueño», entre el pensamiento consciente y el subconsciente –o los tres estados del  «yo»- nos obliga a plantearnos otras formas de inteligencia diferentes a la nuestras y, evidentemente, superiores. No obstante, esa superioridad se basa en nuestra propia incapacidad para comprenderla. De ahí que Stanislav Lem nunca nos revelé la identidad de los «visitantes» de Snaut y Sartorius, porque sería necesario conocerlos hasta un nivel de pensamiento que incluso ellos desconocen.

Un buen ejemplo de estas afirmaciones son las impresionantes formaciones marinas sobre la superficie del océano. Los «mimoides» son construcciones arquitectónicas biológicas a los que el protagonista intenta atribuir semejanzas con formas terrestres, precisamente ante la necesidad de otorgarle un significado conocido, una interpretación humana.

Si bien, Solaris es quien demuestra un mayor esfuerzo por establecer contacto con nosotros mediante la evolución observada en los «visitantes», en especial con Harey, quien accede realiza un gran sacrificio frente al egoísmo de los tres hombres, tal y como evidencia el siguiente fragmento:

«La decisión de quedarnos en la Estación no tenía nada de heroico. El tiempo del heroísmo había quedado atrás; el tiempo de las grandes victorias interplanetarias, el tiempo de las expediciones audaces y los sacrificios. Fechner, primera víctima del océano, pertenecía al pasado remoto. Ya casi no me preocupaba por saber quién era el “visitante” de Snaut o de Sartorius. Pronto, me decía, dejaremos de tener vergüenza de aislarnos. Si no podemos desembarazarnos de nuestros “visitantes”, nos habituaremos a esa compañía, viviremos con ellos. Si el Creador modifica las reglas del juego, nos adaptaremos a las nuevas reglas, aun cuando nos resistamos al principio, aun cuando uno de nosotros cediera a la desesperación y se matara. Tarde o temprano, se restablecería cierto equilibrio.»

En definitiva, «Solaris» es una de las pocas novelas que podríamos clasificar como perfectas en su género. Stanislav Lem ofrece al lector una sólida reflexión científica sobre las consecuencias de un posible contacto con una especie extraterrestre superior sin incurrir en los tópicos de la literatura anglosajona, sino optando por un relato cercano e intimista que no descuida la visión «humana» de la historia. Un equilibrio perfecto en el que se abordan cuestiones metafísicas, teológicas y el psicoanálisis para obligarnos a deliberar sobre la auténtica condición humana. Y es que recordando la advertencia realizada por Stephen Hawking cuando se le preguntó ante la posibilidad de establecer contacto con otras formas de vida inteligente, respondió que debíamos evitarlo pues «Sólo debemos mirarnos a nosotros mismos para ver cómo la vida inteligente puede convertirse en algo que no quisiéramos conocer».

LO MEJOR: Absolutamente todo.

LO PEOR: La mayoría de los lectores optarán por las novelas de ciencia-ficción anglosajonas, más orientas hacia el entretenimiento.


Sobre el autor: Stanislav Lem fue un escritor polaco nacido en Lwów (actual Lviv, en Ucrania) el 12 de septiembre de 1921 y fallecido en Cracovia el 27 de marzo de 2006. Es uno de los autores polacos más importantes del siglo XX, habiéndose traducido sus obras a cerca del medio centenar de lenguas. Dentro del género de la ciencia ficción es considerado como uno de los grandes escritores de todos los tiempos, y uno de los pocos que no escribió su obra en lengua inglesa. Durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de la Resistencia a los ocupantes nazis, utilizando el sabotaje desde su puesto de soldador. Tras acabar Medicina empezó a publicar asiduamente, pese a la censura comunista. Lem escribió fundamentalmente, dentro de la ciencia ficción, sobre la tecnología y su uso futuro por la humanidad (por ejemplo en su popular Ciberiada) o sobre el contacto humano con formas de vida extraterrestres (siendo Solaris su novela más importante de esta temática).Solaris, su obra más leída y traducida, ha sido llevada dos veces al cine, en 1972 por Andrei Tarkovsky y en 2002 por Steven Soderbergh. 
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