Crítica de La naranja Mecánica (Anthony Burgess)

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Para Alejandro Castroguer (La casa deshabitada) y Vanessa Benítez Jaime (Más allá del muro de los muertos)

Sinopsis: La naranja mecánica cuenta la historia del nadsat-adolescente Alex y sus tres drugos-amigos en un mundo de crueldad y destrucción. Alex tiene los principales atributos humanos: amor a la agresión, amor al lenguaje, amor a la belleza. Pero es joven y no ha entendido aún la verdadera importancia de la libertad, la que disfruta de un modo violento. En cierto sentido vive en el edén, y sólo cuando cae (como en verdad le ocurre, desde una ventana) parece capaz de llegar a transformarse en un verdadero ser humano.







Reseña: Quizás la primera pregunta que os surge cuando escucháis hablar de La naranja mecánica es el origen, así como el significado de tan peculiar título. El surrealismo que evocaba la imagen de esta fruta biónica proviene de una expresión popular cockeny: “As queer as a clockwork orange” (Tan raro como una naranja mecánica), que Anthony Burgess interpretó como la capacidad del ser humano para subvertir la naturaleza hasta el punto de convertirla en un producto artificial a través de su influencia sobre ella. Siendo todavía más exactos, diversos acontecimientos en la vida del autor influyeron en la elección del título y el argumento de su gran obra.



 



En primer lugar, él mismo fue una víctima de la terrible violencia que describía en sus páginas. A finales de la Segunda Guerra Mundial, cuatro soldados estadounidenses violaron a su esposa, que estaba embarazada, siendo testigo de lo ocurrido sin poder intervenir para evitarlo. A consecuencia de aquella horrible agresión, ella perdió el bebé, mientras que él decidió emplear aquella horrible experiencia, recreando con precisión todos los detalles en uno de las escenas más brutales de la novela. De hecho, durante la adaptación de La naranja mecánica, Kubrick se obsesionó con reflejarla a la perfección, hasta el punto de obligar a sus actores a repetirla más de un centenar de veces.
 



A pesar de esta experiencia, Burgess era contrario a los métodos de condicionamiento conductual que se proponían desde el gobierno para combatir los inaceptables índices de criminalidad. La posibilidad de privar a la persona de la capacidad de elección lo horrorizaba y rechazaba el uso de las terapias de aversión, que consiste en exponer al paciente a un estímulo al mismo tiempo que se le hace experimentar una sensación desagradable. Con ello se intenta condicionar al paciente para asociar el estímulo con la sensación desagradable y así terminar con un comportamiento indeseado.

En su opinión, la sociedad nunca debía ejercer su influencia sobre el individuo, pues es el libre albedrío lo que evitaba que nos convirtiésemos en seres autómatas, en naranjas mecánicas producidas en serie, sin distinción por la acción del gobierno en cada uno de nosotros. Es decir, “un hermoso organismo con color y zumo”, pero sin una gota de voluntad. Es más, el propio Burgess aseguró: “Mejor ser malvado por decisión propia que bueno por lavado del cerebro”.


 

Un pensamiento reflejado en el capellán de la prisión y sintetizado en la siguiente frase:


“Dios prefiere al hombre que elige hacer el mal, antes que al hombre que es obligado a hacer el bien.”

Sin embargo, la supresión del capítulo 21 en la edición original estadounidense, provocó la pérdida del mensaje que la novela pretendía transmitir a sus lectores y que muchos clasifican como una oda al libre albedrío. A pesar que de que muchos consideran que La naranja mecánica fomenta la violencia, en especial entre los más jóvenes, recreándose en exceso en sus detalles más morbosos, nada fue escogido al azar, incluido la forma de contarla.

Anthony Burgess concibió la historia en tres partes, con siete capítulos cada una. De este modo, el capítulo final coincidiría con la edad adulta legal en Estados Unidos. Es decir, la pretensión del autor era mostrar la evolución moral de Alex, quien experimenta una transición hacia la madurez alcanzada la mayoría de edad, obligándole a replanteársele si es el estilo de vida que desea continuar o, por el contrario, tiene otras aspiraciones.


“No tiene demasiado sentido escribir una novela a menos que pueda mostrarse la posibilidad de transformación moral de los personajes”, declaró Burgess. De hecho, adviértase las contradicciones presentes en la personalidad de Alex.






Por un lado, es un joven sádico que tiende a emplear la violencia como diversión, sin detenerse a considerar las consecuencias de sus actos más allá del castigo legal. Por otro, demuestra una inteligencia atípica entre los jóvenes de su edad, que tiende a expresarse, principalmente, a través de sus gustos musicales. Cabe destacar el fragmento de la tienda de música, antes y después de abandonar la cárcel, donde esta diferencia entre el protagonista y otros adolescentes resulta mucho más perceptible. O cuando es sometido al proceso experimental y se percata de la música ambiente que utilizan para acompañar el proceso: “¡No pueden hacerle eso al gran Ludwig Van! ¡Él sólo hizo música!”.


Sin embargo, el detalle más significativo de la novela es el nadsat, una versión dulcificada del ruso en inglés. Este argot juvenil hace más soportable las escenas de mayor violencia, crea un distanciamiento respecto a la que se está describiendo y, al mismo tiempo genera un universo propio a través del lenguaje que supone una auténtica aventura lingüística para el lector. La intención de Burgess era conseguir su implicación en los acontecimientos narrados sin provocarle rechazo, de manera que cada persona pueda extraer sus propias conclusiones a partir de una misma historia, pues la ambigüedad es un rasgo presente durante toda la novela como señalamos anteriormente. Fíjese el lector en la siguiente frase de Alex antes de ser sometido al proceso experimental: “El mundo no puede estar lleno de gente como yo”.



 



Es más, cuando el personaje del escritor tiene la oportunidad de vengarse de Alex por el crimen cometido contra su persona y su desaparecida esposa, es la expresión del deseo reprimido del propio Burgess para ejercer su venganza. Por tanto, podría decirse que odia y, al mismo tiempo, admira al personaje de Alex por la libertad de sus elecciones.

En conclusión, aunque la manzana representa el conocimiento y, de forma simultánea, la condena de nuestra elección; La naranja mecánica ejemplifica la libertad que todo individuo debe poseer para tomar sus propias decisiones, con independencia de las consecuencias que puedan derivarse de la misma. Anthony Burgess estableció un paradigma literario, destacable tanto en la forma como en el fondo, que provoca reacciones adversas en su lectura, aunque todos coinciden con Alex ante la pregunta que sugiere sus páginas:

“Yo, yo, yo. ¿Qué hay de mí? ¿Dónde entro en todo esto? ¿Soy un animal, o un perro? [...] ¿No soy más que una naranja mecánica?”




 VALORACIÓN: 7/10

LO MEJOR: La naranja mecánica. La interesante estructuración y el atípico estilo narrativo. La doble interpretación de muchos fragmentos, fomentando la participación del lector.

LO PEOR: Una moraleja fácil. El escaso desarrollo de los personajes, excepto Alex. La lectura resulta tediosa durante el primer tercio de la novela hasta acostumbrarse al nadsat. El capítulo 21.

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Sobre el autor: Escritor, dramaturgo y músico inglés, Anthony Burgess es conocido principalmente por su novela La naranja mecánica (1962), obra que fue llevada al cine por Stanley Kubrick.

Burgess trabajó durante varios años en el sudeste asiático como profesor en la Royal Army, hasta que le fue detectada una enfermedad mortal. Decidido a que su obra literaria pudiera mantener a su mujer tras su muerte, Burgess dedicó cinco años a escribir de manera frenética. Sin embargo, el pronóstico no resultó mortal y Burgess escribió durante casi cuarenta años más.

La naranja mecánica obtuvo gran éxito tras la película de Kubrick, aunque su violencia y brutalidad -basadas en un hecho real de la vida de Burgess, generaron cierta polémica. Su uso de un lenguaje inventado para gran parte de la obra muestra la enorme capacidad del escritor para los idiomas, ya que hablaba malayo, japonés, alemán, italiano, entre otros.

Burgess escribió además numerosas críticas y ensayos literarios, compuso varias obras y piezas musicales y escribió obras de teatro.



5 comentarios:

  1. el script no intentes copiar es ridículo y ofensivo. Además como cualquiera puede suponer, no funciona bien.

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    1. Es una opinión respetable, pero debes comprender que debo proteger mi trabajo ante posibles plagios, como me ocurrió en el paso. Si te consideras insultado por esta medida protección que muchos blogueros consideramos necesaria, lamento haberte ofendido. No obstante, si deseas utilizar un fragmento concreto de la presente reseña te agradecería que en el futuro te pusieras en contacto conmigo antes.

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  3. Muy interesante tu crítica... Sin embargo, aún tengo dudas sobre el verdadero trasfondo de esta novela que espero puedas resolverlas.

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    1. Buenas tardes Angélica,

      Estaré encantada de poder resolver cualquier duda respecto al contexto de la novela, aunque la mayoría de la información está disponible en la edición coleccionista publicada por Minotauro que incluye el controvertido capítulo 21. De igual forma, es fácil encontrar información de la novela en libros de psicología, pues la temática es el libre albedrío y el condicionamiento cognitivo del individuo a través de un refuerzo cognitivo, básicamente el experimento del perro de Paulov.

      Un cordial saludo

      María del Carmen Horcas (La diseccionadora de libros)

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